27 nov. 2010

The Lovers. ( Historia De Una Resaca #2)

Lo recuerdo perfectamente, llegamos a su habitación, a su casa en el centro de la ciudad, un pequeño oasis de paz en mitad de la loca noche de la urbe.
Él saco una botella de vino para celebrar, pero los dos sabíamos a lo que íbamos.

Ella: ¿Vas a hacerme lo que sueles hacer con otras mujeres?
-Bébete el vino  y no preguntes.

Se acercó por detrás, noté su presencia en mi nuca, el aroma de su pelo largo, su lengua desplazándose por mi cuello, era suave como la humedad del rocío en el verano, un cosquilleo extasiante cerca del lóbulo, las puertas empezaban a abrirse serenamente, empecé a mojarme.

Él era mucho mayor que yo, independiente, bello.

Rozó la palma de mi mano, me sujetó fuerte paseando sus dedos por mi cintura, me tenía cogida por la espalda, poco a poco nuestras lenguas se enredaron como las palabras a las cuerdas, él sabía de palabras y sabia usarlas, era un canalla. Y sabía de lengua, su lengua se estiraba para llegar al fondo de mi boca, y yo lo disfrutaba.
Fue bajando la mano hacia la falda, recorriendo las piernas directo a la turgencia primitiva de mi virginidad, de repente paró.

-No puedo, eres muy joven.

Tuve que llevar mi boca hacia su sexo, hacia su piel, su músculo duro y suntuoso, lo trabajo despacio, él no mira, está avergonzado mientras yo acaricio lo desconocido. Mi cuerpo se exprime y se expande de manera nueva para mí, aunque él parece que conoce todos los resortes de mi pequeño cuerpo. Somos amantes.

Reacciona, abre los ojos, arranca mi vestido y mis bragas, gimo de placer cuando llega a lo más recóndito de mí ser, suave y delicadamente firme sus brazos son como arcos, duros, todos los músculos de su cuerpo tensados, afinados en una armoniosa melodía de Eros y Afrodita en un baile insaciable. Le pedí que me lo hiciera.

Está encima de mí, lamiéndome de arriba abajo con la punta rosada de la lengua, poro a poro, in crescendo, humedeciendo mis caderas inéditas , la parte interna de los muslos hasta llegar a la cima de Venus donde juguetea pausadamente con mi sexo abierto a sus plegarias. Mi sexo fresco y reciente.

Me miró profundamente con su sabor a cerveza y su experiencia clavada entre mis piernas, lo tenía sujeto por la nuca apretándolo fuerte contra mis labios. Fuerte, fuerte y húmedo. En ese instante de gozo me pregunto cómo he llegado hasta esta habitación del placer, de la morfina, del sexo.

Mi clítoris es una inmensa bola de energía y luz vibrando al ritmo de su lengua que sube y baja,  llueve, llueve y sus manos acompasadas se deslizan por mis pechos, acariciando mis pezones firmes. Por fin noté su miembro entre mis piernas, cerca, cada vez más cerca, latía en mi regazo, aquel rígido musculo ya era mío, se colaba secretamente en lo profundo. Empezó a mover su cadera de atrás hacia adelante, despacio, delicado, su miembro me penetraba lentamente, arriba y abajo, hacia los lados, sus dedos en mi boca sujetándome, el hilo de sangre del nuevo advenimiento, el olor del instinto primitivo.

Nuestros cuerpos unidos en una ecuación balanceada, el péndulo perfecto, floto con cada nueva embestida, se pone duro, me duele pero no quiero que pare, muerdo su cuello, su barbilla, araño fuerte su espalda, lo tengo dentro de mí y es precioso. Somos amantes, cada segundo brilla en mi retina. Noto como sube el calor, como se mueve adentro, como se hincha, sus embestidas cada vez son más fuertes y yo no quiero que pare, estoy abrazada a su cuerpo mientras lo único que me mantiene en el aire son sus asaltos.

Una súbita reacción me impide pensar, sólo gimo y sigo gimiendo orgiásticamente. Todos los nervios de mi joven ser imantados a su ser adulto, estoy al borde del orgasmo y vibro, libero los fluidos, grito. Él se vacía en mí y yo en él como un alud de nieve en la montaña. Un escalofrió recorre mi espalda, mi nuca, mis piernas tiemblan, y lloro sin dejar ver mis lágrimas.


Él me besa, no habla, permanece callado sumido en un silencio opiáceo, inmóvil, acaricia mi tripa, toca mi sangre, la sangre virgen de la cadera ahora ya adulta, yo miro sus ojos achinados, casi cerrados al mundo. Su corazón camina lento. Somos amantes.


Un relato de Zarain (www.elorgasmotranquilo.blogspot.com)
Ilustrado por: Ivan Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)