4 jun. 2012

Cincuenta y Cuatro m2 (Historia de una resaca #18)

Puede que todo esto parezca una locura, pero es toda la verdad y nada más que la verdad.

Hace un par de semanas mientras estaba tirado en el sofá mirando al techo y saboreando una poderosa Grinbergen, el teléfono sonó. Número: desconocido.
- ¿Sí? – contesté.
-¿David? – dijo una fina voz de mujer al otro lado, una voz que conocía muy bien.
- ¿Claire?¡No me lo puedo creer!
Claire es una muchacha francesa que conocí un verano, summer time, ya sabes, largas noches, playa, poca ropa, mucho alcohol y una fuerte energía celestial liberadora. A Claire realmente la había tocado la varita de dios, tenía ese tipo de belleza arrebatadora y sutil, delicada, muy francesa. Ese verano solíamos beber en el chiringo hasta el amanecer, buena charla, mejores risas, y ya. Ella estaba locamente enamorada de un gabacho así que no había nada que rascar, fue la fémina que me robó sin nocturnidad ni alevosía el corazón.
- Oh la la, ¿Cómo va todo preciosa?
- ¡Muy bien cariño! - respondió animada - y voy a darte un buen susto, ¡estoy en tu ciudad!
- ¿Aquí?
- Sí, estoy de paso hacia Lisboa y hoy hago noche en tu capital, voy sola… ¿podemos vernos?
- ¡Será un placer Madmoiselle! Qué te parece a las diez, en la catedral, es un lugar fácil de encontrar, te invito a cenar y a unas cervezas, ¿va benne?
- Va perfecto, en la catedral, creo que está al lado del hotel donde me alojo, preguntaré en recepción y te veo allí David, un beso muy muy grande.
- Otro.
Colgué.
Eran las nueve y media de la noche, tenía el corazón a punto de explotar, ¡Claire!, no podía ser verdad, a veces el destino te brinda una buena copa de vino para beber de la vida.Rápidamente me duché, intenté mejorar mi resacosa jeta, elegí una camisa negra, (recuerdo que la gustaban las camisas negras), y a las nueve cincuenta y cuatro salía por la puerta de casa rumbo hacia ella, puntual y feliz, y por qué no decirlo, con la esperanza de que algo pasase entre nosotros, pero cuando estaba llegando al portal me di cuenta que no me había atizado colonia, ¡oh! no puede ser, a ella le chiflaba mi olor, vale que el olor es una mezcla de piel y de colonia, pero me faltaba un ingrediente, subí rápidamente las escaleras, de tres en tres los cuatro pisos, entré, fui al baño y me sumergí en un ligerísimo toque de fragancia . Ahora sí estaba preparado para la batalla, ahora todo era perfecto.



Al salir del baño, note algo extraño en la buhardilla, hacía como mucho calor, un calor infernal, un calor aguardentoso, mire el termostato, apagado, ¿entonces?, pasé la mano por los radiadores, ardiendo, ¿pero qué demonios?, intenté encender y apagar el termostato, nada, la casa seguía encendiéndose, miré la caldera, todo en orden, las 22:10, ya llegaba tarde, pensé en la dulzura de Claire. Comprobé la llave de los radiadores, cerradas, ¿pero?, al carajo, me voy, que se incendie la casa si hace falta. Tenía la mano ya en la puerta, listo para salir y dejar el infierno en que se estaba convirtiendo mi pequeña buhardilla, y sonó el timbre de la puerta de arriba.
- ¿Sí?
- Daaauuviiiidddd, soooyy Geuiigdeorge – balbuceó borracho -Abrí la puerta.
- ¿Qué haces man?, ¡estás cieguísimo!
George se desplomó en la entrada del loft, no articuló más palabras, joder George, vamos tío, ¡ESPABILA!, me tengo que ir, ¡he quedado con Claire!, el calor seguía subiendo, cogí a George como pude, es un tío grande y lo intenté llevar a la única habitación con puerta de la casa, no pude, lo dejé en el suelo a medio camino. Las 22:20, pensé en los ojos azules de Claire. Que no cunda el pánico, seguro que espera.

RIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGG, sonó el timbre de nuevo, con una llamada larga y exasperante, señor, ¡ESTO NO PUEDE SER VERDAD!
-¿Sí?
- David, soy R. -Abrí la puerta.
- ¿R? ¿Qué haces aquí?
- Mira bonito, debes tres semanas de cervezas en el bar, y ya empezaba a estar harto, págame ya cariño.
- ¿Tres semanas?, ¿seguro? (R. es un buen tipo, y si dijo tres, probablemente fueran cuatro, así que no tenté a la suerte) vale R. ahora te pago, pasa por favor.
-¿Y éste? – dijo R. al mirar a George en el suelo- ¿Qué le ha dado?, si es que de verdad…
Aprovechando que estaba R. cogimos a George y lo dejamos en la hamaca, fui a la cajita donde tengo el dinero para pagar las cañas, y de nuevo…

RIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
- ¿Si?
- ¡Hola!, ¡soy Marta!, la vecina del segundo, ¿me puedes abrir? – vaya, Marta, veinte añitos, se enredaba como las persianas, buen proyecto de mujer, pero demasiada cháchara.
- Hola Marta, ¿qué pasa?, y abrevia por favor, tengo mucha prisa.
- Ay David vaya calor que tienes aquí, ¿no podrás dejarme una botella de vino?, es que tengo una cita… y me he quedado sin botellas…
- Claro, claro, pasa y sírvete tu misma, están al fondo junto a las hamacas.
Entretanto R. se había servido un pacharán y echaba un ojo a los vinilos. Las 22.35, pensé en la bondad de Claire.
- ¡Y este tío! – exclamó Marta – Vaya ciego lleva el campeón, jajajaja, aunque es guapo. Marta empezó la ardua tarea de intentar reanimarlo.

RIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNGGGGGGGGG RIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNGGGGGGGG, volvió a sonar el timbre, el calor seguía in crescendo.
-¡Un momento!, espeté, y fui corriendo a abrir las ventanas.
- ¿Quién es?
-¿Ésta es la calle tal, número cual, puerta tres? – dijo una voz varonil al otro lado.
-Sí, aquí es – respondí.
-¡Ha llegado tu fiesta! – exclamó un tipo con voz sensual- Ábreme…
-Abrí la puerta, era un tipo con gorra de policía, un calzoncillo negro y una buena porra.
- Creo que… se ha equivocado…
-¿No es aquí la despedida de soltero?
- No, no es aquí – respondí, empezaba a estar al límite y a sudar y a sudar y a sudar, me empezaba a deshacer.
-Pero ésta es la calle tal, número cual, puerta tres. ¿no?
- Si, pero te acabo de decir ¡QUE AQUÍ NO HAY NINGUNA DESPEDIDA!
-Ay David, déjalo pasar, no seas arisco – exclamo R. mirando al Boy con cariño.

El Boy pasó, se puso a charlar con R. Marta seguía intentando despertar a George que empezaba a articular palabras, los radiadores seguían ardiendo, por las ventanas no entraba ni una brizna de aire, la situación me podía, 22:50, pensé en la cintura de Claire.

Toc, toc, toc, sonaron tres golpes secos en la puerta.
¿QUIÉN EEEEEEEEES? – chillé de forma inhumana.
- Movimiento de los santos de los últimos días– respondieron.
-¿QUIÉN?
- !Mormones!
-¿QUÉ? - abrí la puerta, ahí estaban, dos mormones con su camisa blanca pantalón negro, un afeitado perfecto, una carpeta, su cara de felicidad y sus nombres escritos en dos chapitas, Ben y Benny.
- Hola, ¿ha oído hablar de la iglesia de los santos de los últimos días?
-Veréis chicos, no quiero ser maleducado, no estoy de humor, no tengo tiempo, ¡HE QUEDADO CON CLAIRE!
-Usted necesita más que nunca al señor, está apunto del infarto, ¡usted se ha visto! – soltó Ben- Si, el señor le acogerá en su seno y le dará paz – apuntillo Benny.
Resoplé, me pasé el brazo por la frente, agua, el calor me estaba matando, la gente me estaba matando, el tiempo me estaba matando, el Boy empezó a hacer llamadas a otros Boys y se puso un gin-tonic, R. otro pacharán, George abrió los ojos y Marta le sonreía. 23:00horas, pensé en los labios de Claire.
- Ben, Benny - dije solemnemente derrotado, veis al tipo de la porra, pasad y convertirlo.

Decidí abrirme una Grinbergen para relajar y emborracharme, lo daba todo por perdido, era incapaz de entender lo que estaba pasando y lo que es peor, no podía llamar a Claire porque tenía número desconocido y ella no daba señales de vida, seguramente estaría enfadada, o con otro tipo, las mujeres bellas no duran mucho tiempo a solas en los bares, o quizá no, no seas tonto, la esperanza es lo último que se pierde. Apuré la birra y pensé en largarme y dejar atrás todo aquello.

RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGG RRRRRRRRRIIIIIINNNNNNNNGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
RIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGGGGGG

Sonó el timbre.
- ¡QUIÉN EEEEEEESSSSSSSS!!!!! - Mi voz sonaba a Lucifer.
- Servicio postal, envió urgente.
- ¡PERO DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO! – Abrí la puerta.
Había un tío de metro cincuenta con una caja de cartón ENORME más grande que él,
- ¿Es usted David Z. de la productora Delirio artes escénicas?
Estaba atónito – sí, soy yo – nunca debí pronunciar esas palabras.
- Este paquete es para usted, firme aquí.

Firmé, fui al meadero, luego al frigorífico, abrí otra Grinbergen, me la bebí entera, necesitaba un trago, fui donde las botellas, cogí el whisky, di un buen lingotazo, el Boy había sacado algo de farlopa, había convencido a Ben y Benny, al final estaban siendo ellos los convertidos, R. iba por su quintopacharán y se puso un vinilo de la Joplin, comenzó a bailar sobre la mesa. Marta estaba metiendo mano a George que parecía que empezaba a reaccionar volteado en la hamaca. Todos sudábamos. Todos sudábamos más, esto sí que era la casa encendida, los radiadores estaban a punto de reventar, hinchados, abrí otra cerveza, 23:45, pensé en las largas piernas de Claire.

Cogimos la caja de cartón entre el Boy, Ben y Benny, y la movimos al centro de la casa, pesaba bastante, leí la etiqueta: Frágil, “Circo de la luz”, cogimos unas tijeras y empezamos a abrirla, de pronto salieron dos mujeres increíblemente altas, empezaron a estirarse y ¡NO PUEDE SER! eran siamesas, estaban unidas por el costado y la pierna, y eran bellas, bellas, blancas y altas. Todos nos quedamos sin palabras, hasta la Joplin. Todos sudábamos.

-¡Hola hola! – exclamaron sonrientes a la vez.
- Yo soy Vicky y yo soy Lilly, volvieron a decir al unísono, mientras salían de la caja reptando por el suelo y llenándolo todo con sus largos y unidos cuerpos, el Boy empezó a desnudarse, R. bailaba y aplaudía y fumaba y sonreía – ¡Me encanta! – El Boy se empezó a liar con Ben, ¿o era Benny?, el otro mormón encocado salió por la ventana y empezó a caminar por el tejado, bailando y rezando, las siamesas se me enroscaron al cuello como una boa de bella pluma, Marta comenzó a desnudar a George que por fin abrió los ojos del todo y exclamó – A LO LOCOOOOOOOOOOOOOOOO- y sonrió como un niño.Hacía mucho calor, repito, hacía mucho calor, abrí otra cerveza, mamé otro whisky de la botella, 00:30,pensé en los muslos de Claire.
Pensé en la vida, pensé en la muerte, pensé en matarlos a todos, pensé en adoptarlos y amarlos, pensé en… PLAAAAAAAAAAAAAAAAFFFFFF PLAAAAAAAAAFFFFFFFF PLAFFFFFFFFFFFFFFF – esto no está pasando – sin saber cómo, habían entrado seis hombres por las ventanas, seis hombres de traje rojo, con cascos, botas y mangueras, empezaron a rociarnos de agua, ¡ERAN LOS PUTOS BOMBEROS ROCIÁNDONOS DE AGUA!, mis paredes se empezaron a deshacer, los cuadros caían, ahí va Miró, ahí Ernst, todos los libros mojados, páginas de Blake nadando porel suelo,"Hojas de hierba" fundiéndose en agua, Joplin cantando más y más alto, George empezó a hacérselo con Marta en la hamaca, era una cópula graciosa, daban vueltas sin caerse, anudados como serpientes, las siamesas bailaban con el cuerpo de bomberos, R. cantaba y aullaba mientras se empezaba a desnudar, el Boy se sacó la porra, Ben se sacó la porra, Benny seguía en el tejado dando botes como un poseso y gritando – ¡He visto a dios, he visto a dios! yo abrí otra cerveza, y de nuevo, la puerta, volvió a sonar.




Ring, Ring, esta vez repiqueteó suave y dulcemente, la casa se estaba inundando.
No pregunté, abrí directamente, total, ya daba igual, al girar la puerta, vi a Claire.
Hubo un silencio sepulcral.
-¡Claire! – exclamé con un atisbo de lágrimas en los ojos, ¡que alegría!
Claire estaba allí plantada sin decir nada, tenía un niño de unos dos años del brazo,
me miró a los ojos y dijo:
-David, este es tu hijo.
Comencé a reír y a llorar,definitivamente a llorar mares y a reír mundos.
- Pero Claire, eso no es posible, tú y yo nunca estuvimos…
- ¿Juntos? Cara cabrón, que eres un canalla, ibas tan borracho que no te acuerdas, ¡y yo no te lo recordé porque tenía novio! ¡Estúpido!
Miré los ojos del chaval, chinos, absolutamente chinos, no había duda, el churumbel era mío.
-Logan, saluda a tu padre – ordenó Claire.
-Hola papa. –Dijo Logan con voz angelical.
Casi me desmayo, los invité a pasar a lo que quedaba de buhardilla, mi pequeña buhardilla de cincuenta y cuatro metros cuadrados, el espectáculo era dantesco, corría el agua de manguera, corría el whisky, corría la farlopa, se corrían las porras, los bomberos bailaban, las siamesas bailaban, R. bailaba y sonreía, el Boy y Ben y Benny bailaban y bebían, la Joplin danzaba y cantaba bajo la noche negra, George bailaba, Marta bailaba, todos danzando mientras la casa ardía y se inundaba, el mundo era un loco lugar maravilloso.

Fui a por otra cerveza, agarré a Logan, mi hijo, me senté en el suelo y lo puse en mis rodillas, me cogió del dedo gordo y mirando la escena desde sus minúsculos ojos apenas abiertos al mundo, me susurro, -tranquilo papa, sólo es el maravilloso desorden de la vida-.


Un relato de Zarain.

Ilustrado por Sir Rafa .G (www.trespuntoceroweb.com)
& Mr Hojas: (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

18 abr. 2012

EL Sueño De Walt. (Hº de una resaca #17/Año 2)

Desperté. Rompí a llorar.
- Eh, vamos chico, respira hondo - exclamó una voz al otro lado del muro.
Era una voz rota, una voz mucho más rota que cien alcantarillas, y profunda, profunda como si todas las vidas de uno mismo hubieran pasado por aquella garganta honda. Hablaba castellano con un extraño acento anglosajón, era una voz pausada.
- Ey chico, venga… - repitió tranquilo.
Pero aquella noche en aquel cuarto oscuro yo no podía dejar de llorar.
- Venga, sé un hombre, levántate, esto no durará mucho.
- No es esto lo que me preocupa - balbuceé entre sollozos.
- Toma, coge, ahí va un pañuelo.
Me pasó un pañuelo de tela blanco a través de las rejas, pude ver la mano girar desde su celda, una mano anciana, de pelo cano, arrugada, arrugada y pálida como el pañuelo que la acompañaba, con dos iniciales grabadas en color plata. “W.W.”



- ¿Estás mejor?
- Sí, estoy mejor. Gracias.
- Bien, entonces deja ya de llorar chico, la vida es maravillosa, vale que a veces nos envuelva en papel de lija, áspero y cruel como una víbora, pero todo pasa, al final todo vuelve a su cauce, ya verás, confía en las palabras de este anciano. ¿Cómo te llamas chico?
- David, me llamo David. ¿Y usted?
De pronto, un gendarme irrumpió en el pasillo arrastrando a otra pobre alma a ese rincón de estercolero, lo dejó en su calabozo, roncaba como un demonio. El gendarme silbaba “Le san fan de la patrí… lalalalala lalala”, y de vuelta al pasar por mi celda, se paró y me dijo:
- Hombre, ya despertó el españolito bravucón, parece que ha hecho un nuevo y extraño amigo, el señor delirio, ah sí sí, tenga cuidado de sus historias y no se deje embaucar, ¡españolito!
Sonrió con cara de lerdo y volvió sobre sus pasos.
- ¡Ey chico, no le hagas caso, está perdido. Y dime, ¿por qué te han traído?
- La verdad es que no lo recuerdo bien, eh…
- Walt, puedes llamarme Walt.
- Vera Walt, estoy de ruta por el Mediterráneo, tocando la guitarra, pidiendo en las calles, ya sabe, un poco de acción y suspense vital, Montpellier es un lugar agradable y llevo aquí unos cuantos días, me gustan sus parques y hay un rincón cerca de la playa donde poder dormir tranquilo por la noche.
- Sí, pero eso no te ha traído hasta aquí, ¿verdad?
- No, no directamente Walt, la otra noche conocí a una mujer…
- Chico, una mujer…
- Belladona, hermosa y chiflada. Camarera de “Le Dahlia noir”. Y bueno… nos llevamos bien… quizá demasiado bien, una fuerte energía, congeniamos, pasamos juntos una noche , pero el caso es que ella… ella estaba con alguien, y de repente se esfumó con él.
Para calmar la fiebre bebí más de la cuenta, comencé en la parte vieja, en los bares del jazz, ya sabe, la parte de la calle larga que llega hasta La Place de la Comédie,  y termine en el "Apollo".

Allí debió pasar algo gordo, porque lo último que recuerdo es a unos tipos gritando y zarandeándome, creo que les lancé la guitarra, se la estallé en el rostro a uno de ellos, y luego de pronto llegaron los gendarmes y me golpearon en la nuca. Lo siguiente que vi es este cuartucho de barrotes, y el resto, ya es historia.
- ¿Y por eso llorabas?
- No Walt, no era por eso. Lloraba por la vida y la nostalgia.
- ¿Por la vida? ¿cómo se puede llorar por la vida y la nostalgia? Mira chico, he pasado toda mi existencia lejos del lugar donde nací, viajando, dando vueltas por el mundo, y nunca he dejado de sentir nostalgia de todos los seres que me he cruzado en el camino, incluso de aquellos seres que no eran humanos, de todos y cada uno de los latidos y pálpitos de sus bellos recipientes. Pero esa nostalgia no me hace llorar la vida, ¡al revés chico!, me hace sentirme de todos y cada uno de ellos, de vosotros. Cada día que amanece, aunque sea en letrinas como esta, es un nuevo día y hay que vivirlo y exprimirlo hasta decir basta. Están las carreras, el ajetreo de los suburbios, las fiestas en la playa, las manadas de búfalos, la ballena y su cría,  las fogatas en el campo, los días de picnic con amigos, las vidrieras de Broadway, ¿Has estado en Broadway?, deberías ir y caminar con la cabeza alzada hacia las nubes, o pasear por las playas de Brighton, recorrer los caminos del día y los caminos de la noche atravesando el espacio, chico, no puedes llorar por la vida, no puedes permitírtelo.

Su voz, era ahora mucho más pesada, casi infinita, no podía verlo por el muro de cemento que nos separaba, pero sentía su espalda apoyada en la mía, en el mismo lugar de aquel muro que se estaba construyendo de palabras y de verbos.

- Si Walt, todo eso es genial, y es por eso,  precisamente es por eso que lloro, porque a veces la belleza del mundo me extasía, me zarandea, no poder abarcarla, ver la grandeza del mar desde dentro en la madrugada, ver a través de los ojos de la noche la hermosura prodigiosa de la vida, y saber que la estás perdiendo a cada brizna de aire que te roza, es tan, tan injusto Walt. La verdad es que no puedo con la pérdida, a veces me sobrepasa la ausencia, por eso viajo solo y ahogo mi alma en alcoholes aguardientes. La ausencia me ataca en todas las habitaciones de mi vida Walt, viene de repente como un cuervo negro y se agarra a mi hombro, desde la primer hora de la sombra hasta la llegada de la luna, allí se queda, recordándome todo el desorden de mi vida, el maravilloso desorden de mi vida, y la necesidad de mirar a la botella para que el cuervo vuele de mi hombro, y entonces me veo como un hombre basura, tirado como una lata, espoleado en los bares, malgastando saliva pensando en la ausencia que nos va llegando minuto a minuto, y en los ausentes, y en sus actos. A veces Walt, sueño con la derrota de la muerte y sin embargo sé que preparo  mi alma para ella, entonces me siento viejo, estrangulado en habitaciones de fiebre como esta.
- Mira chico, si quieres recrearte en soledades, hazlo, pero te diré algo: La vida es habitar todos los corazones de los hombres, aunque estés solo, sentirlos tuyos como tú de ellos, y a la vez despojarte de todo lo conocido. Chico, la pérdida, la ausencia, la muerte, nos sobreviene a todos, pero créeme si te digo que ni el joven muchacho que murió, ni la joven enterrada a su lado, ni el anciano que vivió una vida inútilmente y lo sabe, serán olvidados, ni ninguna cosa de la tierra ni de sus más remotos sepulcros.
Chico, te contaré algo: Cuando yo nací, los ciclos transportaron mi cuna remando y remando por los ríos de la vida. Para que yo pasara, las estrellas cumplieron su órbita y enviaron su influjo para cuidar lo que al fin me recibiría. Incluso antes de que yo naciera de mi madre, las generaciones me guiaron, mi embrión no murió nunca y nada pudo oprimirlo. Y ahora estamos aquí chico, en este lugar, tú y yo con nuestra alma robusta. ¿Cómo podemos llorar sobre la vida?. ¿Como puedes?.
- Es precioso Walt, hablas como un profeta, ahora mismo daría el último euro que me queda por poder mirarte a los ojos y estrecharte la mano.
- Chico, no es necesario que te mire a los ojos para que sienta el mono de tristeza que palpita en tus retinas, y hazme caso, deshazte de él, extravíalo, mira atrás y siéntete satisfecho con el pasado, aun con todos los errores, y aprovecha el vuelo de tu juventud, camina.
- Tienes razón Walt, tienes razón. Lo intentaré. De veras que lo haré.

Entretanto hubo un silencio, creo que ambos estábamos pensando en la vida y en salir pronto de esa celda para poder gritar y saltar y seguir caminando.
- Walt, ¿por qué está aquí?
- Mira chico, eso no importa, pronto ya no estaré aquí, es cosa de la vida, así es el camino, pero tienes que saber que larga es la distancia que he recorrido sólo para hablarte y oírte, porque no podía irme sin haberte hablado y sentido. Ahora nos hemos conocido, quizá incluso nos hemos salvado, y cada día al atardecer estés donde estés, te mandaré mi abrazo.

De nuevo comenzó a invadirme el balbuceo y alguna lágrima rodó por mis mejillas hasta que caí dormido en un plácido sueño de discursos bellos y mujeres. A veces hay que llorar como un niño para despertar como un hombre.

-Vamos españolito, es hora de irse, ya has dormido bien la borrachera, si te volvemos a encontrar montando jaleo, la próxima vez no pasaras aquí sólo una noche, ¿entendido?
- Ok señor Gendarme, entendido…
El gendarme abrió la puerta de la celdilla, salí, estaba algo nervioso por poder mirar a Walt y darle la mano, con mi aliento reseco y las cuencas de los ojos vacías. Pero al girar, en la celda de al lado no había nadie.



- Señor gendarme, perdone, ¿y el hombre que estaba anoche en esta celda?
El gendarme me miro de arriba abajo;
- ¿Qué hombre?.


Un relato de Zarain.

Ilustrado por;
#1 Mr Hojas (www.astrogorestudio.wordpress.com/) 
#2 Rafa G. (www.trespuntoceroweb.com)

“Desayuno Con Diamantes” (Hª de una resaca #16 /Año 2)

-¡Los hombres sois unos cobardes!-. Gritó borracha y bravucona bajo el manto de la noche hermosísima donde nos movíamos en la madrugada como animales. Había un vaso vacío de Seagrams, una espuela de oro en su flequillo, la máquina de tabaco rugiendo asesinada por los bárbaros dedos de la metralla y las fieras. Y yo a su lado, medio hombre con suerte que pensaba en memeces mientras estaba allí sujetando su espalda descubierta. -No, los hombres no queréis, no habláis, sois tontos y orgullosos-  repitió delicadamente en mi oído.

Quizá tenía razón, vi a los hombres de mi alrededor tirados como perros callejeros panza arriba, durmiendo extasiados en las estrellas bajo la lluvia, orgullosos y tontos, es cierto, y perdidos. Más aún, extraviados locos, malqueridos, desnudos ante la vida, porque todos sabemos que la vida es un regalo o es un dolor, y aquí, cada cual elige a su compinche.
Hombres, héroes todos o ninguno, hombres tullidos, emocionalmente mancos, figuras mitológicas del abandono que habitan los bares iluminados bajo los focos de los corazones rotos, cercanos a los camareros de siempre. El robusto chicano que me invitó al “Acapulco”, ese Bar-Man que conoce bien a los clientes, la chica de cabellos rojos tatuada que brilla como soles de esmeralda tras los faroles de la barra, amamanta a los caníbales, nos ceba, cría a los clientes que como yo, por la noche, nacen solos, viven solos, y a veces tenemos la suerte de morir acompañados.

Ellen era bella, como Audrey Hepburn y el brillo de sus ojos en Desayuno con diamantes, la noche se abría en su hombro con un fulgor de beso y labios rojos, descuidada, fumaba dentro de los bares pidiendo guerra, pequeña amazona sensual y miscelánea, cabaretera, envuelta en tules, la más impactante mujer de mi universo conocido.



-¿Quieres otra Seagrams Ellen?
-¿Vas a invitar tú?
- No, pero podemos probar suerte con el camarero, te mira con ojitos.
- Una más, y me voy a casa, que te conozco…

Bajó la mirada. Tenía el peso de tristeza que una vez compartimos, estaba de nuevo volviéndose a marchar. Sentada en la barra, a mi lado pero lejos, siempre lejos, nunca terminó de llegar, y ya no estaba.

Recuerdo el primer momento, (quien lo diría, un primer y único momento latente en la memoria para siempre), ya era de día y ella era una flor radiante de veintipocos años, hablaba sin parar y yo escuchaba, (raro, se ve que la edad me ha vuelto parlanchín y zafio), estábamos en  un portal con forma de Arabesco, entre los arcos moriscos y los besos.
Allí, como un caudal de energía que deja fluir su corriente, nos besamos con sabor a fruta y alcoholes aguardientes, asistí al mejor beso de la tierra, y lo peor de todo es que lo supe, aquel primer beso, aquel primer contacto irrepetible uniendo en nuestras bocas entes de otras vidas, millones de lenguas resbalando atadas en nosotros, dos borrachos asfixiados por la vida amaneciendo, la suavidad de la lengua roja repasando el borde superior del labio, exhalación de aire y de deseo. Sin darnos cuenta yacíamos en la habitación de un hotel colonial avejentado, el mueble bar derramado, la piel húmeda, despiertos los instintos, una estancia llena de calores, el cerrojo de su ingle desabrochado, tambores que anunciaban la sed, el ansia, los hombros desnudos, el vello de su nuca, las medias caídas, pañuelos de gasa en las muñecas mínimas, casi minúsculas. Recuerdo bien el tacto primigenio de su clítoris, su mirada encendida y tímida. Yo me inclinaba para tocar su sexo con mi lengua, hundiéndola en las mejillas de su pubis. El placer de los aromas inguinales, un contraluz purpúreo en las esquirlas de las formas, los espejos azules, el reflejo de su cuerpo en el mío cuando estoy dentro de ella, la aspiración boca a boca, hilo de líquido que acariciaba nuestra libido. Todas las persianas de la tierra echadas en esa habitación que recorría los instintos, las risas cómplices del durante, embestidas de cielo y de placer. Ella recogía sus pechos y los izaba mientras con mis dedos trabajaba su sexo, arqueaba la espalda, se revolvía entre las ligas negras que brillaban en los escasos rayos luminosos que dejábamos entrar en aquella sala de delirio, veneno y vicio. Una y otra vez los tactos erizados, yo cercaba su cintura con la mía, el choque de las pelvis como trenes enfrentados, y por fin, un estremecimiento digno del mejor amanecer del mundo. Su alarido suave y terso dejando reposar por fin al cuerpo liberado. La paz, la calma.

-He vuelto a ti como esa actriz desfigurada que lejos del fulgor de los focos, se siente tentada por el sabor de lo perdido.
- No digas eso Ellen, no has vuelto a nada, es cuestión de tiempo que él aparezca, sólo es una mala racha.
-¿Una mala racha?, todos sois iguales, nunca vais de frente.
- Venga Ellen, vámonos, deja la copa, te acompaño a casa, estás borracha.
- ¿Que me acompañas a casa? ¿qué tenemos, quince años?, ¿o es que vas a ser mi Ángel de la guarda eternamente?, ¡no lo seas!
-Ellen, no digas eso, deja que te lleve.
- Sin beso David, llévame pero sin beso, que quede claro.

La dejé sobre la cama dormida, el olor de su piel rezumaba sobre mí, un olor que jamás se olvida, un olor que es un viaje al pasado y un chute de heroína. No, ninguna piel se olvida.
Había recuerdos de su viaje a India y a Tailandia repartidos por la estancia, pastillas contra el dolor de alma y algún omeprazol. Las sábanas negras y moradas como a ella la gustan.
Ellen, qué profundamente delicada y bella tendida en su palacio de cristal abuhardillado.



Avancé por la casa, la miré una última vez, como en los viejos tiempos cuando salía a la playa en la mañana y ella seguía durmiendo hasta el final del mediodía. Me revestí de ausencia y de pasado. Cerré la puerta y reabrí la herida.

A veces los hombres somos cobardes, casi siempre diría, y esos actos, o peor, los actos que no cometemos atenazados por el miedo, el estúpido miedo a ser de verdad un hombre, se vuelven errores que nos persiguen eternamente en cada trago.
Sentados en taburetes de bar hacemos llamadas por nuestros teléfonos, llamadas a nadie, sin destino expreso, llamadas que se saben perdidas y que dejan un regusto amargo en el paladar. Colgamos y pedimos otra copa, intentamos sonreír, pensamos la vida.


Un relato de Zarain.

Ilustrado por;
#1 Rafa G. (www.trespuntoceroweb.com)
#2 Mr Hojas (www.astrogorestudio.wordpress.com/)

9 may. 2011

El Sentido De La Vida. (Historia de Una Resaca #15 )

Sinceramente, no sé cómo pasó.

Bajo la luna y el traqueteo de los raíles trenes de vida caminan paso a paso, allí va Jou con su camisa moribunda y sus bermudas dando cera al ritmo de la madrugada temprana. Suda y suda y suda en el salón oscuro de la casa de JR. “el camarero”, Jou no deja de bailar, es una locomotora  descarrilada tentando al azar y su tirada, bebe whisky con cola, entra a una chica y vuelve a danzar.

Mientras, yo me siento en el sofá sobre el delirio descarnado de los sueños muertos. Esta fiesta es una ruleta rusa sin balas, un rollo, un tostón, demasiada gente, demasiada droga espanta cerebros, como el señor Ángel que vuelca los gramos en una línea continua como si de una autopista hacia el cielo se tratara, polvo blanco derramado sobre la barra americana de los suelos de las vidas de madera y los tablones desgastados. Pone su culo en pompa, amanerado, suelta una carcajada extrema HA HA HA HA y se atiza el veneno intercambiando las fosas, soltando improperios y dando paso a los temblores. Él, que fue quien nos enseño el valor de la locura y lo maniaco.

Agarro más birra y saboreo el trago, contemplo el espectáculo a través de latas de cerveza desde donde paso el rato analizando a la fauna que colma la estancia de suma desdicha.
Chica pelirroja cruza la mirada conmigo, me mantengo firme como un ejército de madres primerizas, ella se acerca.

-David, ¿no?
-Si.
-¿Un chupito?
-Si quieres compartir un chupito, soy tu hombre.
-Ella ríe, coge la botella de pacharán y sirve, me cuenta su vida, me cuenta su vida y me la   
 vuelve a contar, su boca es inagotable, insaciable, no deja de gesticular. Yo trago y ella habla y dice que está en la ciudad de paso… que está estudiando aquí un tiempo… que busca el sentido de la vida y no sé que más… la verdad, no me importa lo más mínimo así que decido zanjar la conversación. Marcho al excusado y pongo pies en polvorosa bajo la atenta mirada de las tarjetas de crédito destrozadas y los ojos doblados de la droga.

Silencioso como los alcoholes que me poseen voy dirección a la plaza de las ruinas y los cromos. Allí esta, la marabunta esperando como zombis heroinómanos de las barras, sus músculos tensos, sus labios mordidos, tics, cicatrices cauterizadas del acero sobre los rostros, punks, pijos, hippies, y ese enorme gentío dando palmas. Fusión, jaleo y más jaleo. Penicilina para la vida y yo de turista por el valle del jarabe y el vómito. Soy una central nuclear a punto de estallar caminando en eses sobre el tsunami de mil mujeres extraviadas, mi cerebro es un liquen de lúpulo.

Creo divisar en las escaleras bajo el peso de los siglos de la catedral los ojos de Tamy, Tamy es preciosa, canta baila y danza con sus cariocas, se mueve como una diosa de fuego entre la muchedumbre, es perfecta, me acerco, me siento y respiro la vida a través de sus ojos de un verde esmeralda que desmaya, el viento se ruboriza cuando pasa cerca de su fuego de imanes de ángeles desterrados. Tamy se sienta a mi lado, hablamos, subimos la vibración del universo, bebo más y más vino, cojo aire, la miro, creo que es la chica más bonita que ha cruzado por mi vida, me tumbo en el suelo preso del alcohol y cierro los párpados mientras la escucho hablar sobre poemas y guerras. La espesura de los vapores etílicos se va haciendo cada vez más densa.


Y como un pez que aletea en la hora de su muerte, abro los ojos. Ya es de día, la noche me ha dejado tocado y hundido en la plaza, sólo, dormido en las escaleras donde ahora un puñado de ancianos van a misa, creen en los dioses. Yo no. Yo creo en Tamy.

En el teléfono tengo un mensaje, es una foto de Jou enseñándome el culo, gran despertar, -joder Jou! - Dirijo mis pasos hacia casa, comienza a llover, -lo que faltaba-, las gotas se deslizan por mi sombrero y calan los huesos resacosos, es como un patíbulo de masas, la baba y las lágrimas del mundo resbalando sobre mis botas.

Los tres pisos del edificio se me antojan como un iceberg gigante, soy Edurne Pasaban después de ascender a los catorce ocho miles y beberse los montes, soy la voz del rugido y del quejido de los dedos amputados. Este mastodonte de escaleras endiabladas me atiza de lleno en la cara, pone a prueba mis reflejos, ritmo y equilibrio, subo y subo, tiro de escarpines y de cuerdas, de arneses y pastillas de magnesio. Logro llegar a duras penas hasta el segundo piso, me arrastro como una ameba ebria hasta el tercero, -!por fin!-, agarro el pomo de la puerta, fatigado, doblado, extasiado. Una gota de sangre cae por mi nariz cuando exhalo el oxigeno, no es bueno, pero es real, como la vida.

Entonces me doy cuenta que la puerta de casa está abierta,-¡Pero qué demonios!- entro a matar en la estancia como un  león entra a matar en la estepa de Damasco, Siria y las revueltas permanentes. Y allí, como una Venus de Milo, como una nueva religión, estaba ella, en mi cama, con sus cariocas y sus sueños escuchando a Robert Johnson-no me lo puedo creer, tío, realmente eres un tipo con suerte-, no sé qué dijiste anoche pero debió ser bueno porque ella está aquí, en la buhardilla. Tamy cogió las llaves del rincón secreto y abrió las puertas del deseo, se instaló como una bocanada de aire fresco en el desierto.

Mientras me quito la camisa, ella se gira, sonríe pícaramente y da vueltas desnuda en el colchón, Tamy parece feliz, eso me gusta, paso por la nevera y abro una última cerveza, o tal vez la primera, ¿Quién sabe cuál es el orden de las cosas? Jou me está llamando y son las diez de la mañana, este tío no tiene fondo y yo tengo un sueño hecho realidad sobre la cama.

–Jou ahora es mal momento.
 -David tío, tienes que venir ahora mismo, no te puedes perder esta mierda.
- Mira J. de verdad, ahora no puedo, esta vez no voy a ir a rescatarte.
- Tío, que no es un rescate, estoy con A. y con R. y estamos descubriendo el fin de la   
  existencia, la savia de la vida, el músculo tenaz de todas las pasiones …
- Jou ¿que coño te has comido? esta noche te veo y me cuentas, y si descubres el sentido de
  la vida, por favor, dale una patada en el trasero de mi parte. El sentido de la vida está ahora  
  en mi cama esperando.

Cuelgo el teléfono, Tamy sigue sonriendo.

- Así que soy el sentido de tu vida, me dice con una risa extraña.
- Claro cariño, el sentido de mi vida y la quinta esencia de todos los deseos.

Cuando me dispongo a entrar en la cama cual Don Juan, noto que la puerta del baño se abre,
aparece una mulata de metro ochenta y cinco, desnuda, labios en flor, pelo oscuro, preciosa. Mi presencia no parece inmutarla, ni siquiera da un vistazo, se mete directamente en la cama - joder, joder, esto no puede ser verdad, soy la suerte hecha carne!- empiezan a acariciarse, los mamuts resuenan a lo lejos, la rabia invertebrada de sus gemidos, el fino tacto de la piel resbalando entre las sábanas negras… se besan, gimen y se cogen fuerte por el cuello, el pelo y el pubis. Mis ojos no dan crédito, estoy a punto de llorar, soy la lágrima feliz de la utopía, suena un coro de voces celestiales galopando en mi cabeza. Ellas se lamen y relamen, ya no puedo más, me lanzo al cuadrilátero como un corcel desbocado armado de brío, iiiiiiiiijjjjjaaaa!! Pero… algo pasa, algo falla, ellas ni se inmutan, estoy a escasos centímetros de las dos, ¡y ni me miran!, están a lo suyo. Intento entrar en el juego pero no hay forma, por un flanco, por el otro, por arriba, por abajo, estiro el brazo como un ladrón en el mercado, y nada, ¡NO, NO, NO!, aquello parece el twistter y a mí nunca me toca, ¡no es justo! ¡ES MI CAMA! Los nervios se me saltan como puntos en heridas, soy el fuera de juego, soy el linier, el recoge pelotas, la llamada de auxilio sexual de las seis de la mañana, el hombre invisible, ¡soy el bidé! con Tamy,

Tamy y la mulata siguen a lo suyo, mano va, mano viene, un relance de lenguas enganchadas con sabor a fresa en mi colchón que tiene el color de la pérdida. Tras unos escasos segundos de insoportable lucidez, decido salir del ring con un execrable y humillante carraspeo. Soy el destierro del Cid, Napoleón ajusticiado en Elba, el conde de Monte Cristo encerrado en el castillo de If, San Juan predicando en el desierto, soy la derrota.

Por algún rincón de MI CASA se acerca el clímax, se siente el placer, orgasmos de todos los sentidos liberados. Y yo en el sofá, como un pobre Quijote pensando en Dulcinea, Jou y el jodido sentido de la vida.

Vuelvo a la nevera, abro una lata y me rio con cada alarido que llega desde el colchón.
-¡Que carajo!-, menuda historia, doy un trago y me quedo allí sentado.

Mirando.


Un relato de Zarain.
Ilustrado por Mr.Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

16 mar. 2011

Como En Un Mal Sueño. ( Historia De Una Resaca #14)

Cogidos por las alas en el intermedio de la existencia, ahí van Jim y Jou enganchados en vitrinas de Vodka y muerte, con sus pelos desgarbados, sus tatuajes sin apenas ya color, agarrados como sólo saben cogerse los borrachos, dos alcohólicos etílicos desmembrados con sus cerebros por el suelo de la discotek rodando tibios, y esos iris rojos que buscan en la pista aludes de pasión y la más alta explosión de admiración de mis partes. A destacar el cielo oriental… la chica del pódium… el gorila que nos pilló desprevenidos en el baño, que te asestó un señor puñetazo en la mandíbula cuando aquellas pastillas todavía yacían en tu boca, eh P?, y al momento sus labios escupieron - He estado en lugares que vosotros ni habéis soñado-,  y tras semejante aguardiente la guardia civil nos recogió en sus tricornios y nos metió de nuevo al antro porque era un picoleto de buen rollo y tu ostia en la cara y mi media ostia en general le debieron hacer gracia…

Desde esta mesa veo la playa, mato el tiempo leyendo a Aragón y soñando contigo, morena, tú, que no has venido a la cita con el diablo revestido de niño malo, y da igual que el desierto de Tánger te secuestre o sea esta duna en el medio de la nada o el gorila de anoche que me partió la cara por tres sitios tan sólo por hablar con una bella dama, que a resultas era la suya. O como aquel policía de Ibiza que nos hizo soplar cuando anidábamos cerca de los astros y el tipo viejo y concurrido por la droga, al reventar nuestro alcoholímetro exclamo - Les dejaré marchar pero invítenme al menos a un cigarro- y subió al limbo con nosotros y nos dejó seguir camino a las estrellas con dos mantos de locura… como Antuan babeando en el dorado tras la ingestión de diez pastillas y Bat en el suelo potando tras la ingestión de tres pastillas, y P  tres días sin dormir por la ingestión de una mujer, cada hombre tiene su medida y eso es así. Y ahora desde la ventana del garito veo la playa y soy una llaga de morfina, un trozo de luz a oscuras en el cuello del útero de la botella, noches de whisky en el rincón de los recuerdos olvidados subidos a un contenedor surcando los mares de basura. Paul y yo armados de alcohol sobre una cruz verde cruzando los cruces jugándonos la biografía, y qué decir si la vida nos asesta puñaladas y las palabras fluyen como la arcada del borracho a media noche.

Era un viernes cualquiera de verano cuando te acercaste con esa sonrisa de diosa griega y me dijiste “¿no te irás a ir con la rubia?” y todo entero flojeé y acabamos bailando en las hamacas del amanecer con mis labios musitando “Eres bellísima” y otro tango que no recuerdo, para al final poder morder tu piel a las nueve de la mañana a plena luz Tú y yo enhebrados como alfileres a la vista del mundo porque no había nada que ocultar, salvo a tu novio, en esa playa que no era de Tetuán ni de Córcega ni estábamos en un yate excepto en el nuestro cruzando la tramontana Mallorquina ebrios de felicidad, sumergidos entre delfines como en la “Dolce vita”, viviendo un sueño que no me pertenecía. Bogart en Casablanca asestando bofetadas y Jim y Jou jugando hasta las cejas de polvo blanco al voleibol el día de mi treinta cumpleaños cuando la cerveza se escribió en la vena, la vena llena de droga y lloraba como un niño a la orilla del mar al contemplar lo grandioso de la vida y mis errores.



Si, esa noche en Cadaques cuando el cielo rompió lagrimas de mares y tu y yo morena nos habíamos fundido ochenta pavos en mojitos y subíamos las cuestas hacia el Mistyc desnudándonos por las calles para hacer el amor en la piscina donde los guiris nadaban a las dos o tres horas felices en nuestros fluidos de vida y de miel, y porque no, también algo de menta. En aquel mi último y verdadero aniversario, cuando ebrio prometí volver a hablar con él, y luego él murió como en las tragedias griegas,  y se quedaron tantas cosas por decirnos y tantas cosas por vivir, como en el anuncio… “Sittin on the stock on the bay”. Y Jim y Jou y Antuan y P saltando precipicios de accidentes en coche perdidos entre naranjos al anochecer. Y aquella imagen… dónde era… de M en bikini rojo después de nuestra primera noche gitana sumergida en las luces del albor doblegando a los dioses con su belleza morena-latina bajo el agua de aquella ducha de playa derritiendo mi ser como canela. Tú y yo en la isla bonita bajo las calas nudistas donde dejamos marchar a preciosa uruguaya e indecente argentina con sus vaqueros rotos y su Vespino porque estábamos absolutamente enamorados. Y en ese antro a media tarde donde perdimos en la arena de un golpe la llave de nuestra amistad, y también del coche.

Aquel día en que os había perdido a todos, aquel verano en que os eché, en que os saqué de mi vida a todos. Antuan liando hierba en los chiringos de moda, Bat sorprendido en la más antigua profesión del universo. Doncellas adorando las crines de los tirados y yo orgulloso y herido peleando por un sorbo de tus piernas, como la mexicana que me rompió el corazón en la distancia, o las palabras de Mr. H. un sofá atascado en el pasillo y risas de colgados, surrealismo, si es que aún queda algo de amor en el mundo, si es que aún queda algo de vida en este cuerpo. Jim entrando a todo lo que se movía levitado por los vapores etílicos. Borrachos de media vida, de media vida de resaca y sin un chavo. Y al final de todo, estabas tú, sin armadura, para asestarme el golpe de gracia rubia, como en nuestra única tarde, como en la única tarde de mi vida contigo.

Y en esta historia, no hay mayor historia que la verdad sostenida sobre cuerdas y palabras, (alguien lo dijo) y buscar la dirección y la moral no es necesario porque saltó del pasado al presente como quien viaja en una gramola del tiempo, escribo lo que leo en mi mente de recuerdos y abismos, ahora que todos nadamos en el barco solitario de la vida. De la guerra y de la vida de aquel día en Lisboa o Budapest donde os había perdido a todos como en un mal sueño.


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Ilustrado por: Ivan Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

6 feb. 2011

Solo Tiene Valor Sentimental. ( Historia De Una Resaca #12+1)

Llagas de morfina en la boca de los cielos, el señor R. despachando tras la barra balas de plata, tú, rubia loca desgastando la  existencia con tus zapatos rojos de tacón en un ir y venir al despacho de los enfarlopados, opiáceos ocultos en la oscuridad de la tarde como palabras del infierno y el desprecio esperando cual cita a ciegas en la mesa de terraza que ocupa este, mi cuerpo desmembrado.

En la boca, la luz de la resaca de la noche anterior que continúa. La lengua de gato, etílicas las pupilas perecen en esta tarde de domingo, tarde larga de ser sin estar, estar sin ser, sentado en el camino de la historia, cortándola el paso o tal vez aniquilándola, poco a poco, vaso a vaso, lingotazo a lingotazo.

Una mesa para mi sólo, un espacio inexistente a tus ojos en los aledaños de la catedral con tres sillas vacías contemplándome. Ha caído la media tarde y una luz endiablada descose mis párpados, el sustento de un libro entre los dedos camufla la soledad que me habita como un enorme mono drogadicto ansioso de cerveza; cuatro cañas y la vida es beautiful.

A ambos lados de mi mesa, estudiantes locos, vivos, intempestivos, parlotean alto, alto y más alto, es agradable oír la vida florecer en el séptimo día… y frente a mí,  delante de todos los comienzos: El amor tallado sobre la roca.

Él, con los dedos pegados a ella, imantados a la raza, ráfagas de hormonas embriagadas de paseo por el valle de la vida, sensualidad envuelta en carne y volumen. Ella, con mirada felina lo desnuda y lo engancha por la nuca, se observan, se miran, se consumen. Acercan sus fosas, el tiempo se para, la luz se esconde, vibran ráfagas de deleite y placer, una mariposa aletea en el polo norte cuando un arpón rompe el hielo de una base naval americana, ellos se miran y Túnez se rebela, la rebeldía prendida en la mirada del amor sincero, la pureza en la antesala de la erupción previa a la tormenta, el tiempo al mismo tiempo. En Australia a estas horas duermen, y aquí, ahora, está sucediendo el amor, se está haciendo el amor en la terraza.

Con la chispa de la vergüenza encendida él permanece tieso. R. trae otra caña a mi mesa, -esta vez invita la casa-, o mejor dicho me invita R. (Es un gran tipo), genuino, con mirada de gentleman. Los chicos de enfrente siguen dilatados, lubricados en emociones de atracción como dos orbes derrapando a escondidas por la vía láctea, éxtasis de todas las segregaciones, testosterona envuelta en paños de alcohol, feromonas en el aire pululando, y los estudiantes gritan y chillan. Hacen monadas. Sudan.

No ven la magia porque no entienden del silencio, no entienden que para ver la dilección de la vida hay que estar invadido por la calma o la cerveza, a fin de cuentas, ebrio, con faldas de locura caminado por las vertebras, ¿eh rubia?, como en los “good times” rubia, como en los buenos tiempos quebrantados, pedazos de piel desollada en los andenes, necrosis en el alma, raíles de voluptuosidad y descaro, carnavales en enero bajo la terraza de los rayos del sol en los albores de las catedrales de piedra.

-Otra birra R!- y ya van seis balas, todavía queda algo de mortero en la recamara, ¿jugamos una ruleta rusa J.? (esta camarera creo que me odia, y no la culpo. Yo la aprecio).

Cruza la calle una bolsa de rebajas meneada por el viento de lado a lado, el fósil de la existencia sigue vivo en la mirada de ellos, los enamorados, angelicales, caninos, vírgenes. Enganchada a su melena; ella. Enfermando de amor por su cadera; él. Me aproximo de lejos a sus intuiciones, agudizo los sentidos, ya casi puedo escucharlos, penetro a golpe de vista en sus adentros, en las paredes de su alma, tan cerca de sus gaznates que puedo sentir los jugos, una obertura de Linces hambrientos desbocados hasta besarlos con mis labios beodos en la frente.

Sus silencios fueron las palabras de amor más hermosas que jamás nadie haya escuchado. Sus silencios en el rugir de la vida, la erección de la savia hirviendo por las venas incorruptas, y después, los castos sollozos del que fuera rey de la manada.

De vuelta, en la mesa sólo hay vasos y sillas desplomadas, los estudiantes ya no chillan, y  mientras, en Australia la vida se levanta.

-Puedo recoger los vasos David, es hora de cierre.
-Claro R., solo tienen valor sentimental.



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Ilustrado por: Ivan Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

28 dic. 2010

La Ley Del Equilibrio. ( Historia De Una Resaca #12

No importa la verdad, sólo importa que parezca la verdad, esa es la máxima que guía este pequeño mundo, este pequeño mundo del sin sentido. Es veinticinco de Diciembre, no es una fecha especial, no tiene porque ser especial, únicamente es otro día más en la tierra y tu eres sólo un trozo más del equilibrio, y yo, simple y llanamente un pobre paria borracho que no escupe más que sandeces.

Hubo un tiempo en que pretendí hacer cambiar de opinión la opinión de algunos, CRASO ERROR, no te molestes my friend, limítate al menos a que no cambien la tuya, es más que suficiente, más integro y menos chabacano.

Al hilo de esto, la otra noche estaba con un buen amigo en la taberna, chapurreando bobadas sobre el sistema, la vida, la muerte, los tiempos pasados y también, porque no, algo de saliva malgastada en los políticos que tenemos. Era un bar de modernos, de los de ahora, se mezclaba todo; pijos engominados, pseudo hippies con rastas, fumetas, farloperos y secretas, pseudo artistas de mierda y demás pseudos… hasta el olor era pseudo raquítico, nada auténtico, todos éramos la misma mierda, el mismo peón.

Volviendo al chapurreo de la conversación, y sin quedarnos calvos del todo, mi amigo y yo concluimos que tenemos los políticos que nos merecemos, PARECE CLARO, somos una clase aburguesada castrada en su propia revolución, en su propio intento, la de los claveles, la naranja, la amarilla, la más amarilla, incluso el mayo del 68 (al menos de ahí salieron poetas), nada, todo al garete. Y esto es sencillo; el capital prevé la revolución dentro del sistema, igual que prevé una mínima cantidad de paro necesaria para tener mano de obra barata, ¿alguien cree que el pleno empleo es utopía?, NO, sólo es algo que no interesa ¿Te imaginas a mi colega Jim diciéndole NO al patrón cuando éste, amable y sutilmente le invita a que vaya a trabajar un sábado sin cobrar, o que se quede un par de horas más para terminar un trabajo, y también, claro, sin remunerar?, y di tú que NO, que lo mismo te largan ¿verdad?

La teoría del  miedo y el terror, la competencia desleal y una clase política y sindical que perpetúa el sistema: Trabaja más por menos, jubílate más tarde, paga más impuestos, folla menos, pon el culo, bebe más. Tuche, tocado y hundido,  porque esto sólo son tonterías en un papel y yo un borracho a punto de terminarse.

Y siguiendo con mí amigo y con el bar, la cosa huele mal, apesta, anda un poco podrida, mustia, mis colegas yacen casi todos en el ataúd del paro, su jodida cara esta triste, sus vidas se amontonan en la rutina de la nada, en la confusión de la pobreza, y encima de poner el culo por tres duros, en la TV los vemos a ellos con sus trajes a medida y su mierda de politiqueo, escándalos y mas miserias y me voy de rositas que para eso el juez es mi colega, no parecen muy tristes no, no tienen la cara de rabia de Antuan cuando no puede dar de comer a los suyos, estos pájaros viven bien, comen bien, tienen casas, chalets, yates, coches de lujo, señoritas de compañía, vacaciones pagadas y una espléndida jubilación, eso sí, abonada por todos, que no pare la fiesta, UN JODIDO CHOLLO, ganan en un mes lo que muchos no ganamos en años. ¿Para qué van a querer cambiar nada? Ya pagamos nosotros, los de abajo, los nacidos a la izquierda de dios.

Y en algún lugar alguien jode con su novia amorosamente y en algún otro lugar alguien simplemente jode, quizá un machista maltratador, un cura fornicando con niños o un narco de ciudad Juárez secuestrando a una mujer, pero tranquilos, que no cunda el pánico, que tenemos cerveza en la nevera y hachís en los bolsillos, drogas que silencian a los que estamos y paralizan a los que llegan. Créeme, he visto a niñas de dieciocho años con el futuro en sus manos fumárselo en forma de opio y sentir que estaban haciendo la revolución. Pobres parias.


Y así estamos, con nuestros macro centros comerciales, macro botellones, mismas cadenas de ropa, misma bebida roja con cafeína, misma música MTV, mama quiero ser modelo y sin tetas no iras ni al paraíso ni a ningún lado, y tú, hombre, apúntate al GYM y ponte cachas que así ya verás cómo te llevas a todas, MACHO ALFA! tunea tu coche y cómprate un plasma de sesenta pulgadas, el más grande del mercado, eso es poderío, que no quepa nada más en “tu casa”, en “tu casa” que es del banco durante los próximos cincuenta años que son los que durará tu hipoteca y tu cruz. Pero tú crees que es tuya y esa es la verdad que tú quieres que resplandezca, es tú única verdad. Es la que cuenta.

Y todo es lo mismo, mismos relatos manidos y panfletarios como este, misma ideología universal, el gran hermano nos vigila Joe! CAPITALISMO!! Aquí, en U.S.A. y en la China comunista, que ya no es ni tan comunista ni tan china, para que vamos a cambiar nada si estamos servidos, Rock & Roll!! Todos bailando a un mismo son hermano, al del dinero, que no existe, pero está. Aunque claro ESTO ES ALGO QUE TODOS CONOCEMOS, todos sabemos que el enemigo es la banca y su compinche el estado. Menudo Holding!! Menudo Trust!! Menudo Cártel!!

Mientras acabo la cerveza y dejo de darte la murga con esta disertación etílica, veo al líder de la oposición conservadora de esté, mi querido país, mi amado país, mi país campeón del mundo en todos los deportes, y me digo: A MÍ QUE MÁS ME DA MI PAÍS CAMPEÓN DEL MUNDO EN TODO, SI CUANDO BAJO A LA CALLE TENGO UN EURO PARA TODO EL AÑO.
Este es mi querido país campeón del mundo en desempleados, en Gurtel, en Fabra, en Camps, en jueces que juzgan jueces por juzgar dictadores, en tristeza, en desmemoria histórica, en analfabetos, en Saharas olvidados, medios de comunicación adulterados como droga, morfina para las almas, adoctrinamiento, aguardiente para los corazones de los desempleados y ráfagas de sexo virtual.

Joder, viendo al tío de la oposición y al del otro lado de la balanza acolchados en sus escaños de cristal me entran ganas de vomitar, me avergüenzo de mi condición de humano y me pregunto a la luz de esta realidad, ¿Dónde queda nuestro sitio?, ¿Dónde nuestro lugar?, ¿Dónde  la revolución?

He oído el clic de mi lata de cerveza abriéndose como una negra flor. Entretanto alguien en algún otro lugar, quizá en otro hemisferio, oye el clic de un revólver o escucha a su mujer  agonizando cuando es violada en los campos, mientras otros bailamos house en alcantarillas y deportamos a seres humanos al vacío.

La revolución no está en camino, ni siquiera está en esa palabra porque la revolución ya está INCLUIDA en el diccionario. Aniquilada. No somos revolucionarios, viejo, somos rebeldía herida.

En algún lugar alguien esta jodiendo y en otro lugar alguien esta jodido, esa amigo, es la verdadera ley del equilibrio.

Bébete esa cerveza, y feliz navidad.


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Ilustrado por: Ivan Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

27 nov. 2010

The Lovers. ( Historia De Una Resaca #2)

Lo recuerdo perfectamente, llegamos a su habitación, a su casa en el centro de la ciudad, un pequeño oasis de paz en mitad de la loca noche de la urbe.
Él saco una botella de vino para celebrar, pero los dos sabíamos a lo que íbamos.

Ella: ¿Vas a hacerme lo que sueles hacer con otras mujeres?
-Bébete el vino  y no preguntes.

Se acercó por detrás, noté su presencia en mi nuca, el aroma de su pelo largo, su lengua desplazándose por mi cuello, era suave como la humedad del rocío en el verano, un cosquilleo extasiante cerca del lóbulo, las puertas empezaban a abrirse serenamente, empecé a mojarme.

Él era mucho mayor que yo, independiente, bello.

Rozó la palma de mi mano, me sujetó fuerte paseando sus dedos por mi cintura, me tenía cogida por la espalda, poco a poco nuestras lenguas se enredaron como las palabras a las cuerdas, él sabía de palabras y sabia usarlas, era un canalla. Y sabía de lengua, su lengua se estiraba para llegar al fondo de mi boca, y yo lo disfrutaba.
Fue bajando la mano hacia la falda, recorriendo las piernas directo a la turgencia primitiva de mi virginidad, de repente paró.

-No puedo, eres muy joven.

Tuve que llevar mi boca hacia su sexo, hacia su piel, su músculo duro y suntuoso, lo trabajo despacio, él no mira, está avergonzado mientras yo acaricio lo desconocido. Mi cuerpo se exprime y se expande de manera nueva para mí, aunque él parece que conoce todos los resortes de mi pequeño cuerpo. Somos amantes.

Reacciona, abre los ojos, arranca mi vestido y mis bragas, gimo de placer cuando llega a lo más recóndito de mí ser, suave y delicadamente firme sus brazos son como arcos, duros, todos los músculos de su cuerpo tensados, afinados en una armoniosa melodía de Eros y Afrodita en un baile insaciable. Le pedí que me lo hiciera.

Está encima de mí, lamiéndome de arriba abajo con la punta rosada de la lengua, poro a poro, in crescendo, humedeciendo mis caderas inéditas , la parte interna de los muslos hasta llegar a la cima de Venus donde juguetea pausadamente con mi sexo abierto a sus plegarias. Mi sexo fresco y reciente.

Me miró profundamente con su sabor a cerveza y su experiencia clavada entre mis piernas, lo tenía sujeto por la nuca apretándolo fuerte contra mis labios. Fuerte, fuerte y húmedo. En ese instante de gozo me pregunto cómo he llegado hasta esta habitación del placer, de la morfina, del sexo.

Mi clítoris es una inmensa bola de energía y luz vibrando al ritmo de su lengua que sube y baja,  llueve, llueve y sus manos acompasadas se deslizan por mis pechos, acariciando mis pezones firmes. Por fin noté su miembro entre mis piernas, cerca, cada vez más cerca, latía en mi regazo, aquel rígido musculo ya era mío, se colaba secretamente en lo profundo. Empezó a mover su cadera de atrás hacia adelante, despacio, delicado, su miembro me penetraba lentamente, arriba y abajo, hacia los lados, sus dedos en mi boca sujetándome, el hilo de sangre del nuevo advenimiento, el olor del instinto primitivo.

Nuestros cuerpos unidos en una ecuación balanceada, el péndulo perfecto, floto con cada nueva embestida, se pone duro, me duele pero no quiero que pare, muerdo su cuello, su barbilla, araño fuerte su espalda, lo tengo dentro de mí y es precioso. Somos amantes, cada segundo brilla en mi retina. Noto como sube el calor, como se mueve adentro, como se hincha, sus embestidas cada vez son más fuertes y yo no quiero que pare, estoy abrazada a su cuerpo mientras lo único que me mantiene en el aire son sus asaltos.

Una súbita reacción me impide pensar, sólo gimo y sigo gimiendo orgiásticamente. Todos los nervios de mi joven ser imantados a su ser adulto, estoy al borde del orgasmo y vibro, libero los fluidos, grito. Él se vacía en mí y yo en él como un alud de nieve en la montaña. Un escalofrió recorre mi espalda, mi nuca, mis piernas tiemblan, y lloro sin dejar ver mis lágrimas.


Él me besa, no habla, permanece callado sumido en un silencio opiáceo, inmóvil, acaricia mi tripa, toca mi sangre, la sangre virgen de la cadera ahora ya adulta, yo miro sus ojos achinados, casi cerrados al mundo. Su corazón camina lento. Somos amantes.


Un relato de Zarain (www.elorgasmotranquilo.blogspot.com)
Ilustrado por: Ivan Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

27 sept. 2010

El Último Tango. ( Historia De Resaca #3)

Ella: levántate y vete.
Mi dice: ¿estás segura?
Ella: creo que sí.
Mi dice: ¿crees?
Ella: bueno… no lo sé… cabrón adorable…
Mi dice: sabes que siempre he sido sincero, en ningún sitio venía escrito que esto tenía que salir bien, y además soy un desastre.
Ella: lo sé, y eso me jode más aun, cabrón, pero no soporto compartirte, levántate y vete, YA!

Me levanté de la cama despacio, su sexo todavía estaba húmedo, regado por la felicidad efímera de los placeres de la carne, yo aun estaba borracho y ella era realmente preciosa, con su peinado francés y su boca de sangre. Dirigí una mirada hacia su escote por última vez, entre las sábanas, donde compartimos largos y buenos ratos. Ella seguía siendo perfecta incluso desde el frío que ahora nos habitaba.

Ella: David, borra mi teléfono, mi correo, quiero olvidarme de ti para siempre, no llames y sobre todo no me escribas, ni escribas esto en ninguna de tus jodidas historias de resaca.
Mi dice: no prometo nada mi niña.
Ella: no me llames así, ya no.

Di una vuelta por la habitación, intenté grabar en mi retina los detalles, las lámparas cubiertas de fulares rojos y verdes, el cenicero abarrotado de hierba, el portátil con la banda sonora de aquellas noches, creo que sonaba Eddie Vedder o tal vez Thom Yorke, no lo recuerdo. Toqué las láminas de Larry Clark con los dedos como si la estuviese acariciando a ella, a ella que me miraba abstraída desde la cama, veía el dolor en su mirada mezclado con el fuego que a pesar de todo aun existía entre nosotros. Me acerqué a la estantería donde yacían alguno de los libros que la preste, Ajmatova, Fromm, y su jodido y amado Dylan Thomas.

Mi dice: el de Mayakovsky te lo regalo… bueno, los demás también, qué carajo.
Ella: no los quiero, llévatelos.
Mi dice: pues regálaselos a alguien, quizá le sirvan más que a mi, más que a ti, quizá otros aprendan algo, quizá tengan más suerte en otro estante, sobre otra balda, en otras vidas, regálalos o préndelos fuego. Tu misma mi niña.


Salí de la habitación, crucé el pasillo. A veces uno se da cuenta de lo que tiene cuando lo pierde, yo me di cuenta en ese pasillo, no necesité más tiempo, fue nuestro último baile, nuestro último tango, ya no había marcha atrás, sólo ese jodido y desesperante escalofrío en la espalda que anunciaba el error.

Abrí la puerta y suavemente baje las escaleras en forma de caracol, estaba de nuevo en la calle, solo, deportado de su vida, condenado al exilio de la madrugada, la luz ya no brillaba roja en la ventana, ella dormía o tal vez lloraba, no lo sé.

Aun era de noche, respire hondo, tenía un enorme y asfixiante nudo en la garganta, en la acera de enfrente unas chicas se besaban en los labios con pasión, el amor se abría paso en otros rostros. Busque un bar donde olvidarla, todavía quedaba noche por delante.


Un relato de: David P. Zarain ( http://davidzarain.blogspot.com/)
Ilustrado por: Ivan De Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)



7 sept. 2010

El Incidente. ( Historia De Resaca #11)

 Por los errores del pasado.

Corría la brisa de verano, un verano diferente, hará unos doce años, casi tanto como un buen whisky de malta. En aquellas nos reuníamos siempre en el mismo garito, sobre la misma barra, caían las horas muertas en “Guinea”, así se llamaba, creo…
Era un lugar de esos donde el verano no entraba ni por asomo, pasaba de largo, allí siempre hacia un calor inhumano, era una sartén y nosotros los frijoles, o mejor aún, los huevos. Era el mismísimo infierno, un día hasta encontré allí a Lucifer tomando algo.

Mi dice: coño Lucifer!!
Lucifer: ey, no tengas prisa por charlar conmigo ahora, créeme, tendremos toda la eternidad para filosofar, pero todavía no ha llegado tu momento. (Risas, suyas, por supuesto)

En definitiva Guinea era un sitio pequeño, estrecho, mugriento, donde sudábamos como cerdos mal olientes y bailábamos rock de manera convulsa  y descerebrada, pocas chicas pasaban por allí, pocas valientes, así que nos declarábamos nuestro amor heterosexual cada noche, era un pequeño ritual, un poco de pogo y puñetazos en el costado y los riñones, puñetazos mientras bebías, mientras pedias, mientras mirabas la hora, mientras salías fuera a coger aire y mirabas a las niñas pasar con su minifalda entrando con descaro en el pafeto de al lado, e ignorándote.

Recuerdo caer en el suelo de ese bar medio muerto decenas de veces, era un ring de boxeo, y era nuestra historia y así la hicimos, a base de alcohol y puños, un chupito era un te quiero y un puñetazo en las costillas un beso, a veces había incluso morreos en forma de patada voladora,  nos dábamos hostias a reventar. Vi a un amigo ebrio partir azulejos con el codo, vi a otro apagarse ardientes cigarrillos en el brazo, (¿o era el mismo?), a otro partirse la camisa como Camarón y a otro partir camisas que no eran suyas y salir corriendo para al rato volver y recibir besos y morreos y te quieros a mansalva, pero eh, desde el cariño.

Eran buenos tiempos, el amor y la locura reinaban sobre nuestras almas, cuando despertaba y veía los moraos pensaba “cuanto me han querido anoche, que suerte tengo, que buenos colegas”.

Los servicios del antro ni que decir tiene, siempre ocupados, pero no por vejigas a punto de estallar, más bien narices a punto de estallar, consumíamos de todo y todo nos consumía poco a poco, a unos más que a otros, yo nunca fui de drogas duras, llamarme clásico, lo mío con el alcohol fue amor a primera vista y punto, si, probé las drogas como todos, pero a mí lo que de verdad me sedujo para siempre fueron los vapores etílicos, otra historia de amor de las que matan. Por aquellas era capaz de tumbar bebiendo a un rinoceronte o un elefante,  daba igual, besaban la lona del ring si o si.

Pero volvamos al garito y al incidente y dejémonos de nostalgias y ñoñerías.

Esa noche estaba con mi compadre Antuan, Antuan era y es mi amigo de toda la vida, un chico de buena casta, un tío de corazón noble, inteligente y guapo a rabiar, pero ya sabes, cuando uno inicia un camino como el que nosotros comenzamos, un día se es el Dr. Jekyll y al otro Mr. Hyde. Si la mayoría estábamos perdidos, él  andaba mas perdido que nadie.

Esa noche Antuan y yo bebíamos apoyados en esa magnífica barra, sin prisa pero sin pausa, whisky tras whisky la madrugada se iba hablando de nada. Estando alli se nos acerco un tipo algo mayor que nosotros, imberbe, pelo corto, polito de rayas, era francés, bueno, solo al principio.

Francés: alo chicos! ¿Como va? ¿Unos chupitos?
Mi dice: claro hombre (palmadita en la espalda)
Antuan: ¿de dónde eres tío?¿francés?(palmadita en la espalda)
Francés: no!!!  Nada de eso, soy Bretón, B R E T O N ¡!
Antuan: vale tío, relájate, pues Bretón, qué más da.
Francés: no es igual, los bretones no somos franceses!

El caso es que el Francés-Bretón nos invito a unos chupitos de lo que él bebía, ese bretón era muy raro, mezclaba Tequila y Cuantro y otro licor hortera que evidentemente no recuerdo, era un chupito potente y dulce, cayeron tres o cuatro por barba, y claro, la noche se fue animando y el Francés-Bretón soltando y envalentonando.

Francés-Bretón: los bretones bebemos más que nadie, ningún francés ni español bebe más!!
Mi dice: ok amigo lo que tu digas
Francés-Bretón: LOS BRETONES BEBEMOS MAS QUE NADIE, NINGÚN FRANCÉS NI ESPAÑOL BEBE MÁS!!

El Bretón seguía triunfante y parlante, ahora nos tocaba invitar a nosotros, ya sabéis, igualdad libertad y fraternidad, pero ups, hacia ya rato que estábamos a puerta cerrada y con la luz dada, así que no nos dejaron pedir más en el garito, nos agachamos pasamos la verja y salimos a la calle, bajo la luz de neón vi que íbamos bastante cargados, pero el Bretón quería mas…

Francés-Bretón: los bretones bebemos más que nadie, ningún francés ni español bebe más!
Me debéis unos chupitos!! Me debéis unos chupitos!!

El Bretón me tenía un poco harto con tanto grito y tanto yo más y yo más y yo más, y entonces mi colega Antuan hilo fino, pensó. Ese verano Antuan regentaba el bar del camping de ese pueblo de costa donde estábamos, el camping estaba a 5km en coche del pueblo, pero no era un problema, Antuan tenía carro, un viejo Corsa dos puertas. Todo arreglado.

Antuan: ¿Bretón?¿ quieres esos chupitos? pues vamos!

El Bretón no sabía donde se metía, estaba entrando de lleno en las fauces del lobo, se iba a jugar el titulo mundial de los pesos pesados con dos pesos muy pesados y muy en forma. Fuimos al coche, el Bretón desconfiaba, no quería subir, le convencimos dejando que se sentase delante, el coche era un dos puertas y no quería ir detrás, no me preguntéis porque. Tras un breve trayecto llegamos al camping que estaba situado en la ladera de la montaña, dejamos el coche abajo y subimos la cuesta de la ladera andando hasta el bar, Antuan saco las llaves y abrió el garito, serian las 5 de la mañana y a partir de ahí todo sucedió muy rápido.

Mi amigo se puso tras la barra, le explicamos al Francés-Bretón que nuestra bebida típica era la Cazalla, una bebida blanca de color trasparente , anís seco aderezado con algo de veneno y que se bebe con agua, también trasparente.  Siempre he pensado que la Cazalla lleva un ingrediente secreto, por qué chico ese brebaje te machaca el alma y te pone a volar como el mejor acido de doble gota. Y con la que ya llevábamos los tres lo que quedaba de noche solo podía ser o fabuloso o desastroso.


Antuan saco una botella y empezó a servir, uno, dos, tres, cuatro, cinco, chupitos, el Bretón mantenía el tipo, seguía farfullando lo mismo, LOS BRETONES BEBEMOS MAS QUE NADIE!!,  Seis, siete, ocho cazallas, el Bretón empezaba a flojear, seguía vacilando pero ya apenas se le entendía, los asaltos iban cayendo, sus piernas no bailaban igual, era Foreman pereciendo ante el clan de los Ali, sus ojos comenzaban a balancearse de lado a lado, de arriba abajo, en blanco, pero seguía farfullando, no callaba, nosotros tampoco andábamos muy allá, pero jugábamos en casa y en algún que otro chupito Antuan solo llenaba nuestros vasos de agua trasparente. Nueve, diez, once, k.o. técnico, el  Bretón se desploma sobre la barra, vomita a ráfagas, vuelve a echarla, logramos sacarlo fuera entre Antuan y yo, de los hombros, como a los toreros mal heridos, como al boxeador que ha caído en el último asalto. El Bretón ya no farfulla, por fin ha callado, se golpea en la cabeza contra la verja mientras le bajamos arrastras por la cuesta y lo tumbamos boca abajo sobre la arena. Antuan miro su bolsillo, cogió su cartera, nueva, de marca, si, era Bretón y con dinero, Antuan metió la mano saco unos billetes y volvió a meter delicadamente la cartera en su bolsillo. Lo dejamos allí, respiraba, tenia pulso y estaba a 5 km de todo y de nada, herido y convulso como el perro ladrador que era y que no supo morder.

Montamos en el Corsa y nos largamos, yo miraba al Francés-Bretón por el retrovisor mientras nos alejábamos y pensaba en su duro despertar, en su resaca brutal y en su caminata hasta la urbe, pobre alma en pena, pobres almas en pena, no éramos hombres por aquellas y aun dudo que ahora seamos algo más que niños jugando a ser adultos.


Mi dice: Antuan, habrá que ir algún día a la Bretaña.
Antuan: por supuesto.















Un relato de: David P. Zarain ( http://davidzarain.blogspot.com/)
Ilustrado por: Ivan De Hojas (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

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