4 jun. 2012

Cincuenta y Cuatro m2 (Historia de una resaca #18)

Puede que todo esto parezca una locura, pero es toda la verdad y nada más que la verdad.

Hace un par de semanas mientras estaba tirado en el sofá mirando al techo y saboreando una poderosa Grinbergen, el teléfono sonó. Número: desconocido.
- ¿Sí? – contesté.
-¿David? – dijo una fina voz de mujer al otro lado, una voz que conocía muy bien.
- ¿Claire?¡No me lo puedo creer!
Claire es una muchacha francesa que conocí un verano, summer time, ya sabes, largas noches, playa, poca ropa, mucho alcohol y una fuerte energía celestial liberadora. A Claire realmente la había tocado la varita de dios, tenía ese tipo de belleza arrebatadora y sutil, delicada, muy francesa. Ese verano solíamos beber en el chiringo hasta el amanecer, buena charla, mejores risas, y ya. Ella estaba locamente enamorada de un gabacho así que no había nada que rascar, fue la fémina que me robó sin nocturnidad ni alevosía el corazón.
- Oh la la, ¿Cómo va todo preciosa?
- ¡Muy bien cariño! - respondió animada - y voy a darte un buen susto, ¡estoy en tu ciudad!
- ¿Aquí?
- Sí, estoy de paso hacia Lisboa y hoy hago noche en tu capital, voy sola… ¿podemos vernos?
- ¡Será un placer Madmoiselle! Qué te parece a las diez, en la catedral, es un lugar fácil de encontrar, te invito a cenar y a unas cervezas, ¿va benne?
- Va perfecto, en la catedral, creo que está al lado del hotel donde me alojo, preguntaré en recepción y te veo allí David, un beso muy muy grande.
- Otro.
Colgué.
Eran las nueve y media de la noche, tenía el corazón a punto de explotar, ¡Claire!, no podía ser verdad, a veces el destino te brinda una buena copa de vino para beber de la vida.Rápidamente me duché, intenté mejorar mi resacosa jeta, elegí una camisa negra, (recuerdo que la gustaban las camisas negras), y a las nueve cincuenta y cuatro salía por la puerta de casa rumbo hacia ella, puntual y feliz, y por qué no decirlo, con la esperanza de que algo pasase entre nosotros, pero cuando estaba llegando al portal me di cuenta que no me había atizado colonia, ¡oh! no puede ser, a ella le chiflaba mi olor, vale que el olor es una mezcla de piel y de colonia, pero me faltaba un ingrediente, subí rápidamente las escaleras, de tres en tres los cuatro pisos, entré, fui al baño y me sumergí en un ligerísimo toque de fragancia . Ahora sí estaba preparado para la batalla, ahora todo era perfecto.



Al salir del baño, note algo extraño en la buhardilla, hacía como mucho calor, un calor infernal, un calor aguardentoso, mire el termostato, apagado, ¿entonces?, pasé la mano por los radiadores, ardiendo, ¿pero qué demonios?, intenté encender y apagar el termostato, nada, la casa seguía encendiéndose, miré la caldera, todo en orden, las 22:10, ya llegaba tarde, pensé en la dulzura de Claire. Comprobé la llave de los radiadores, cerradas, ¿pero?, al carajo, me voy, que se incendie la casa si hace falta. Tenía la mano ya en la puerta, listo para salir y dejar el infierno en que se estaba convirtiendo mi pequeña buhardilla, y sonó el timbre de la puerta de arriba.
- ¿Sí?
- Daaauuviiiidddd, soooyy Geuiigdeorge – balbuceó borracho -Abrí la puerta.
- ¿Qué haces man?, ¡estás cieguísimo!
George se desplomó en la entrada del loft, no articuló más palabras, joder George, vamos tío, ¡ESPABILA!, me tengo que ir, ¡he quedado con Claire!, el calor seguía subiendo, cogí a George como pude, es un tío grande y lo intenté llevar a la única habitación con puerta de la casa, no pude, lo dejé en el suelo a medio camino. Las 22:20, pensé en los ojos azules de Claire. Que no cunda el pánico, seguro que espera.

RIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGG, sonó el timbre de nuevo, con una llamada larga y exasperante, señor, ¡ESTO NO PUEDE SER VERDAD!
-¿Sí?
- David, soy R. -Abrí la puerta.
- ¿R? ¿Qué haces aquí?
- Mira bonito, debes tres semanas de cervezas en el bar, y ya empezaba a estar harto, págame ya cariño.
- ¿Tres semanas?, ¿seguro? (R. es un buen tipo, y si dijo tres, probablemente fueran cuatro, así que no tenté a la suerte) vale R. ahora te pago, pasa por favor.
-¿Y éste? – dijo R. al mirar a George en el suelo- ¿Qué le ha dado?, si es que de verdad…
Aprovechando que estaba R. cogimos a George y lo dejamos en la hamaca, fui a la cajita donde tengo el dinero para pagar las cañas, y de nuevo…

RIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
- ¿Si?
- ¡Hola!, ¡soy Marta!, la vecina del segundo, ¿me puedes abrir? – vaya, Marta, veinte añitos, se enredaba como las persianas, buen proyecto de mujer, pero demasiada cháchara.
- Hola Marta, ¿qué pasa?, y abrevia por favor, tengo mucha prisa.
- Ay David vaya calor que tienes aquí, ¿no podrás dejarme una botella de vino?, es que tengo una cita… y me he quedado sin botellas…
- Claro, claro, pasa y sírvete tu misma, están al fondo junto a las hamacas.
Entretanto R. se había servido un pacharán y echaba un ojo a los vinilos. Las 22.35, pensé en la bondad de Claire.
- ¡Y este tío! – exclamó Marta – Vaya ciego lleva el campeón, jajajaja, aunque es guapo. Marta empezó la ardua tarea de intentar reanimarlo.

RIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNGGGGGGGGG RIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNGGGGGGGG, volvió a sonar el timbre, el calor seguía in crescendo.
-¡Un momento!, espeté, y fui corriendo a abrir las ventanas.
- ¿Quién es?
-¿Ésta es la calle tal, número cual, puerta tres? – dijo una voz varonil al otro lado.
-Sí, aquí es – respondí.
-¡Ha llegado tu fiesta! – exclamó un tipo con voz sensual- Ábreme…
-Abrí la puerta, era un tipo con gorra de policía, un calzoncillo negro y una buena porra.
- Creo que… se ha equivocado…
-¿No es aquí la despedida de soltero?
- No, no es aquí – respondí, empezaba a estar al límite y a sudar y a sudar y a sudar, me empezaba a deshacer.
-Pero ésta es la calle tal, número cual, puerta tres. ¿no?
- Si, pero te acabo de decir ¡QUE AQUÍ NO HAY NINGUNA DESPEDIDA!
-Ay David, déjalo pasar, no seas arisco – exclamo R. mirando al Boy con cariño.

El Boy pasó, se puso a charlar con R. Marta seguía intentando despertar a George que empezaba a articular palabras, los radiadores seguían ardiendo, por las ventanas no entraba ni una brizna de aire, la situación me podía, 22:50, pensé en la cintura de Claire.

Toc, toc, toc, sonaron tres golpes secos en la puerta.
¿QUIÉN EEEEEEEEES? – chillé de forma inhumana.
- Movimiento de los santos de los últimos días– respondieron.
-¿QUIÉN?
- !Mormones!
-¿QUÉ? - abrí la puerta, ahí estaban, dos mormones con su camisa blanca pantalón negro, un afeitado perfecto, una carpeta, su cara de felicidad y sus nombres escritos en dos chapitas, Ben y Benny.
- Hola, ¿ha oído hablar de la iglesia de los santos de los últimos días?
-Veréis chicos, no quiero ser maleducado, no estoy de humor, no tengo tiempo, ¡HE QUEDADO CON CLAIRE!
-Usted necesita más que nunca al señor, está apunto del infarto, ¡usted se ha visto! – soltó Ben- Si, el señor le acogerá en su seno y le dará paz – apuntillo Benny.
Resoplé, me pasé el brazo por la frente, agua, el calor me estaba matando, la gente me estaba matando, el tiempo me estaba matando, el Boy empezó a hacer llamadas a otros Boys y se puso un gin-tonic, R. otro pacharán, George abrió los ojos y Marta le sonreía. 23:00horas, pensé en los labios de Claire.
- Ben, Benny - dije solemnemente derrotado, veis al tipo de la porra, pasad y convertirlo.

Decidí abrirme una Grinbergen para relajar y emborracharme, lo daba todo por perdido, era incapaz de entender lo que estaba pasando y lo que es peor, no podía llamar a Claire porque tenía número desconocido y ella no daba señales de vida, seguramente estaría enfadada, o con otro tipo, las mujeres bellas no duran mucho tiempo a solas en los bares, o quizá no, no seas tonto, la esperanza es lo último que se pierde. Apuré la birra y pensé en largarme y dejar atrás todo aquello.

RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGG RRRRRRRRRIIIIIINNNNNNNNGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
RIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGGGGGG

Sonó el timbre.
- ¡QUIÉN EEEEEEESSSSSSSS!!!!! - Mi voz sonaba a Lucifer.
- Servicio postal, envió urgente.
- ¡PERO DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO! – Abrí la puerta.
Había un tío de metro cincuenta con una caja de cartón ENORME más grande que él,
- ¿Es usted David Z. de la productora Delirio artes escénicas?
Estaba atónito – sí, soy yo – nunca debí pronunciar esas palabras.
- Este paquete es para usted, firme aquí.

Firmé, fui al meadero, luego al frigorífico, abrí otra Grinbergen, me la bebí entera, necesitaba un trago, fui donde las botellas, cogí el whisky, di un buen lingotazo, el Boy había sacado algo de farlopa, había convencido a Ben y Benny, al final estaban siendo ellos los convertidos, R. iba por su quintopacharán y se puso un vinilo de la Joplin, comenzó a bailar sobre la mesa. Marta estaba metiendo mano a George que parecía que empezaba a reaccionar volteado en la hamaca. Todos sudábamos. Todos sudábamos más, esto sí que era la casa encendida, los radiadores estaban a punto de reventar, hinchados, abrí otra cerveza, 23:45, pensé en las largas piernas de Claire.

Cogimos la caja de cartón entre el Boy, Ben y Benny, y la movimos al centro de la casa, pesaba bastante, leí la etiqueta: Frágil, “Circo de la luz”, cogimos unas tijeras y empezamos a abrirla, de pronto salieron dos mujeres increíblemente altas, empezaron a estirarse y ¡NO PUEDE SER! eran siamesas, estaban unidas por el costado y la pierna, y eran bellas, bellas, blancas y altas. Todos nos quedamos sin palabras, hasta la Joplin. Todos sudábamos.

-¡Hola hola! – exclamaron sonrientes a la vez.
- Yo soy Vicky y yo soy Lilly, volvieron a decir al unísono, mientras salían de la caja reptando por el suelo y llenándolo todo con sus largos y unidos cuerpos, el Boy empezó a desnudarse, R. bailaba y aplaudía y fumaba y sonreía – ¡Me encanta! – El Boy se empezó a liar con Ben, ¿o era Benny?, el otro mormón encocado salió por la ventana y empezó a caminar por el tejado, bailando y rezando, las siamesas se me enroscaron al cuello como una boa de bella pluma, Marta comenzó a desnudar a George que por fin abrió los ojos del todo y exclamó – A LO LOCOOOOOOOOOOOOOOOO- y sonrió como un niño.Hacía mucho calor, repito, hacía mucho calor, abrí otra cerveza, mamé otro whisky de la botella, 00:30,pensé en los muslos de Claire.
Pensé en la vida, pensé en la muerte, pensé en matarlos a todos, pensé en adoptarlos y amarlos, pensé en… PLAAAAAAAAAAAAAAAAFFFFFF PLAAAAAAAAAFFFFFFFF PLAFFFFFFFFFFFFFFF – esto no está pasando – sin saber cómo, habían entrado seis hombres por las ventanas, seis hombres de traje rojo, con cascos, botas y mangueras, empezaron a rociarnos de agua, ¡ERAN LOS PUTOS BOMBEROS ROCIÁNDONOS DE AGUA!, mis paredes se empezaron a deshacer, los cuadros caían, ahí va Miró, ahí Ernst, todos los libros mojados, páginas de Blake nadando porel suelo,"Hojas de hierba" fundiéndose en agua, Joplin cantando más y más alto, George empezó a hacérselo con Marta en la hamaca, era una cópula graciosa, daban vueltas sin caerse, anudados como serpientes, las siamesas bailaban con el cuerpo de bomberos, R. cantaba y aullaba mientras se empezaba a desnudar, el Boy se sacó la porra, Ben se sacó la porra, Benny seguía en el tejado dando botes como un poseso y gritando – ¡He visto a dios, he visto a dios! yo abrí otra cerveza, y de nuevo, la puerta, volvió a sonar.




Ring, Ring, esta vez repiqueteó suave y dulcemente, la casa se estaba inundando.
No pregunté, abrí directamente, total, ya daba igual, al girar la puerta, vi a Claire.
Hubo un silencio sepulcral.
-¡Claire! – exclamé con un atisbo de lágrimas en los ojos, ¡que alegría!
Claire estaba allí plantada sin decir nada, tenía un niño de unos dos años del brazo,
me miró a los ojos y dijo:
-David, este es tu hijo.
Comencé a reír y a llorar,definitivamente a llorar mares y a reír mundos.
- Pero Claire, eso no es posible, tú y yo nunca estuvimos…
- ¿Juntos? Cara cabrón, que eres un canalla, ibas tan borracho que no te acuerdas, ¡y yo no te lo recordé porque tenía novio! ¡Estúpido!
Miré los ojos del chaval, chinos, absolutamente chinos, no había duda, el churumbel era mío.
-Logan, saluda a tu padre – ordenó Claire.
-Hola papa. –Dijo Logan con voz angelical.
Casi me desmayo, los invité a pasar a lo que quedaba de buhardilla, mi pequeña buhardilla de cincuenta y cuatro metros cuadrados, el espectáculo era dantesco, corría el agua de manguera, corría el whisky, corría la farlopa, se corrían las porras, los bomberos bailaban, las siamesas bailaban, R. bailaba y sonreía, el Boy y Ben y Benny bailaban y bebían, la Joplin danzaba y cantaba bajo la noche negra, George bailaba, Marta bailaba, todos danzando mientras la casa ardía y se inundaba, el mundo era un loco lugar maravilloso.

Fui a por otra cerveza, agarré a Logan, mi hijo, me senté en el suelo y lo puse en mis rodillas, me cogió del dedo gordo y mirando la escena desde sus minúsculos ojos apenas abiertos al mundo, me susurro, -tranquilo papa, sólo es el maravilloso desorden de la vida-.


Un relato de Zarain.

Ilustrado por Sir Rafa .G (www.trespuntoceroweb.com)
& Mr Hojas: (http://astrogorestudio.wordpress.com/)

18 abr. 2012

EL Sueño De Walt. (Hº de una resaca #17/Año 2)

Desperté. Rompí a llorar.
- Eh, vamos chico, respira hondo - exclamó una voz al otro lado del muro.
Era una voz rota, una voz mucho más rota que cien alcantarillas, y profunda, profunda como si todas las vidas de uno mismo hubieran pasado por aquella garganta honda. Hablaba castellano con un extraño acento anglosajón, era una voz pausada.
- Ey chico, venga… - repitió tranquilo.
Pero aquella noche en aquel cuarto oscuro yo no podía dejar de llorar.
- Venga, sé un hombre, levántate, esto no durará mucho.
- No es esto lo que me preocupa - balbuceé entre sollozos.
- Toma, coge, ahí va un pañuelo.
Me pasó un pañuelo de tela blanco a través de las rejas, pude ver la mano girar desde su celda, una mano anciana, de pelo cano, arrugada, arrugada y pálida como el pañuelo que la acompañaba, con dos iniciales grabadas en color plata. “W.W.”



- ¿Estás mejor?
- Sí, estoy mejor. Gracias.
- Bien, entonces deja ya de llorar chico, la vida es maravillosa, vale que a veces nos envuelva en papel de lija, áspero y cruel como una víbora, pero todo pasa, al final todo vuelve a su cauce, ya verás, confía en las palabras de este anciano. ¿Cómo te llamas chico?
- David, me llamo David. ¿Y usted?
De pronto, un gendarme irrumpió en el pasillo arrastrando a otra pobre alma a ese rincón de estercolero, lo dejó en su calabozo, roncaba como un demonio. El gendarme silbaba “Le san fan de la patrí… lalalalala lalala”, y de vuelta al pasar por mi celda, se paró y me dijo:
- Hombre, ya despertó el españolito bravucón, parece que ha hecho un nuevo y extraño amigo, el señor delirio, ah sí sí, tenga cuidado de sus historias y no se deje embaucar, ¡españolito!
Sonrió con cara de lerdo y volvió sobre sus pasos.
- ¡Ey chico, no le hagas caso, está perdido. Y dime, ¿por qué te han traído?
- La verdad es que no lo recuerdo bien, eh…
- Walt, puedes llamarme Walt.
- Vera Walt, estoy de ruta por el Mediterráneo, tocando la guitarra, pidiendo en las calles, ya sabe, un poco de acción y suspense vital, Montpellier es un lugar agradable y llevo aquí unos cuantos días, me gustan sus parques y hay un rincón cerca de la playa donde poder dormir tranquilo por la noche.
- Sí, pero eso no te ha traído hasta aquí, ¿verdad?
- No, no directamente Walt, la otra noche conocí a una mujer…
- Chico, una mujer…
- Belladona, hermosa y chiflada. Camarera de “Le Dahlia noir”. Y bueno… nos llevamos bien… quizá demasiado bien, una fuerte energía, congeniamos, pasamos juntos una noche , pero el caso es que ella… ella estaba con alguien, y de repente se esfumó con él.
Para calmar la fiebre bebí más de la cuenta, comencé en la parte vieja, en los bares del jazz, ya sabe, la parte de la calle larga que llega hasta La Place de la Comédie,  y termine en el "Apollo".

Allí debió pasar algo gordo, porque lo último que recuerdo es a unos tipos gritando y zarandeándome, creo que les lancé la guitarra, se la estallé en el rostro a uno de ellos, y luego de pronto llegaron los gendarmes y me golpearon en la nuca. Lo siguiente que vi es este cuartucho de barrotes, y el resto, ya es historia.
- ¿Y por eso llorabas?
- No Walt, no era por eso. Lloraba por la vida y la nostalgia.
- ¿Por la vida? ¿cómo se puede llorar por la vida y la nostalgia? Mira chico, he pasado toda mi existencia lejos del lugar donde nací, viajando, dando vueltas por el mundo, y nunca he dejado de sentir nostalgia de todos los seres que me he cruzado en el camino, incluso de aquellos seres que no eran humanos, de todos y cada uno de los latidos y pálpitos de sus bellos recipientes. Pero esa nostalgia no me hace llorar la vida, ¡al revés chico!, me hace sentirme de todos y cada uno de ellos, de vosotros. Cada día que amanece, aunque sea en letrinas como esta, es un nuevo día y hay que vivirlo y exprimirlo hasta decir basta. Están las carreras, el ajetreo de los suburbios, las fiestas en la playa, las manadas de búfalos, la ballena y su cría,  las fogatas en el campo, los días de picnic con amigos, las vidrieras de Broadway, ¿Has estado en Broadway?, deberías ir y caminar con la cabeza alzada hacia las nubes, o pasear por las playas de Brighton, recorrer los caminos del día y los caminos de la noche atravesando el espacio, chico, no puedes llorar por la vida, no puedes permitírtelo.

Su voz, era ahora mucho más pesada, casi infinita, no podía verlo por el muro de cemento que nos separaba, pero sentía su espalda apoyada en la mía, en el mismo lugar de aquel muro que se estaba construyendo de palabras y de verbos.

- Si Walt, todo eso es genial, y es por eso,  precisamente es por eso que lloro, porque a veces la belleza del mundo me extasía, me zarandea, no poder abarcarla, ver la grandeza del mar desde dentro en la madrugada, ver a través de los ojos de la noche la hermosura prodigiosa de la vida, y saber que la estás perdiendo a cada brizna de aire que te roza, es tan, tan injusto Walt. La verdad es que no puedo con la pérdida, a veces me sobrepasa la ausencia, por eso viajo solo y ahogo mi alma en alcoholes aguardientes. La ausencia me ataca en todas las habitaciones de mi vida Walt, viene de repente como un cuervo negro y se agarra a mi hombro, desde la primer hora de la sombra hasta la llegada de la luna, allí se queda, recordándome todo el desorden de mi vida, el maravilloso desorden de mi vida, y la necesidad de mirar a la botella para que el cuervo vuele de mi hombro, y entonces me veo como un hombre basura, tirado como una lata, espoleado en los bares, malgastando saliva pensando en la ausencia que nos va llegando minuto a minuto, y en los ausentes, y en sus actos. A veces Walt, sueño con la derrota de la muerte y sin embargo sé que preparo  mi alma para ella, entonces me siento viejo, estrangulado en habitaciones de fiebre como esta.
- Mira chico, si quieres recrearte en soledades, hazlo, pero te diré algo: La vida es habitar todos los corazones de los hombres, aunque estés solo, sentirlos tuyos como tú de ellos, y a la vez despojarte de todo lo conocido. Chico, la pérdida, la ausencia, la muerte, nos sobreviene a todos, pero créeme si te digo que ni el joven muchacho que murió, ni la joven enterrada a su lado, ni el anciano que vivió una vida inútilmente y lo sabe, serán olvidados, ni ninguna cosa de la tierra ni de sus más remotos sepulcros.
Chico, te contaré algo: Cuando yo nací, los ciclos transportaron mi cuna remando y remando por los ríos de la vida. Para que yo pasara, las estrellas cumplieron su órbita y enviaron su influjo para cuidar lo que al fin me recibiría. Incluso antes de que yo naciera de mi madre, las generaciones me guiaron, mi embrión no murió nunca y nada pudo oprimirlo. Y ahora estamos aquí chico, en este lugar, tú y yo con nuestra alma robusta. ¿Cómo podemos llorar sobre la vida?. ¿Como puedes?.
- Es precioso Walt, hablas como un profeta, ahora mismo daría el último euro que me queda por poder mirarte a los ojos y estrecharte la mano.
- Chico, no es necesario que te mire a los ojos para que sienta el mono de tristeza que palpita en tus retinas, y hazme caso, deshazte de él, extravíalo, mira atrás y siéntete satisfecho con el pasado, aun con todos los errores, y aprovecha el vuelo de tu juventud, camina.
- Tienes razón Walt, tienes razón. Lo intentaré. De veras que lo haré.

Entretanto hubo un silencio, creo que ambos estábamos pensando en la vida y en salir pronto de esa celda para poder gritar y saltar y seguir caminando.
- Walt, ¿por qué está aquí?
- Mira chico, eso no importa, pronto ya no estaré aquí, es cosa de la vida, así es el camino, pero tienes que saber que larga es la distancia que he recorrido sólo para hablarte y oírte, porque no podía irme sin haberte hablado y sentido. Ahora nos hemos conocido, quizá incluso nos hemos salvado, y cada día al atardecer estés donde estés, te mandaré mi abrazo.

De nuevo comenzó a invadirme el balbuceo y alguna lágrima rodó por mis mejillas hasta que caí dormido en un plácido sueño de discursos bellos y mujeres. A veces hay que llorar como un niño para despertar como un hombre.

-Vamos españolito, es hora de irse, ya has dormido bien la borrachera, si te volvemos a encontrar montando jaleo, la próxima vez no pasaras aquí sólo una noche, ¿entendido?
- Ok señor Gendarme, entendido…
El gendarme abrió la puerta de la celdilla, salí, estaba algo nervioso por poder mirar a Walt y darle la mano, con mi aliento reseco y las cuencas de los ojos vacías. Pero al girar, en la celda de al lado no había nadie.



- Señor gendarme, perdone, ¿y el hombre que estaba anoche en esta celda?
El gendarme me miro de arriba abajo;
- ¿Qué hombre?.


Un relato de Zarain.

Ilustrado por;
#1 Mr Hojas (www.astrogorestudio.wordpress.com/) 
#2 Rafa G. (www.trespuntoceroweb.com)

“Desayuno Con Diamantes” (Hª de una resaca #16 /Año 2)

-¡Los hombres sois unos cobardes!-. Gritó borracha y bravucona bajo el manto de la noche hermosísima donde nos movíamos en la madrugada como animales. Había un vaso vacío de Seagrams, una espuela de oro en su flequillo, la máquina de tabaco rugiendo asesinada por los bárbaros dedos de la metralla y las fieras. Y yo a su lado, medio hombre con suerte que pensaba en memeces mientras estaba allí sujetando su espalda descubierta. -No, los hombres no queréis, no habláis, sois tontos y orgullosos-  repitió delicadamente en mi oído.

Quizá tenía razón, vi a los hombres de mi alrededor tirados como perros callejeros panza arriba, durmiendo extasiados en las estrellas bajo la lluvia, orgullosos y tontos, es cierto, y perdidos. Más aún, extraviados locos, malqueridos, desnudos ante la vida, porque todos sabemos que la vida es un regalo o es un dolor, y aquí, cada cual elige a su compinche.
Hombres, héroes todos o ninguno, hombres tullidos, emocionalmente mancos, figuras mitológicas del abandono que habitan los bares iluminados bajo los focos de los corazones rotos, cercanos a los camareros de siempre. El robusto chicano que me invitó al “Acapulco”, ese Bar-Man que conoce bien a los clientes, la chica de cabellos rojos tatuada que brilla como soles de esmeralda tras los faroles de la barra, amamanta a los caníbales, nos ceba, cría a los clientes que como yo, por la noche, nacen solos, viven solos, y a veces tenemos la suerte de morir acompañados.

Ellen era bella, como Audrey Hepburn y el brillo de sus ojos en Desayuno con diamantes, la noche se abría en su hombro con un fulgor de beso y labios rojos, descuidada, fumaba dentro de los bares pidiendo guerra, pequeña amazona sensual y miscelánea, cabaretera, envuelta en tules, la más impactante mujer de mi universo conocido.



-¿Quieres otra Seagrams Ellen?
-¿Vas a invitar tú?
- No, pero podemos probar suerte con el camarero, te mira con ojitos.
- Una más, y me voy a casa, que te conozco…

Bajó la mirada. Tenía el peso de tristeza que una vez compartimos, estaba de nuevo volviéndose a marchar. Sentada en la barra, a mi lado pero lejos, siempre lejos, nunca terminó de llegar, y ya no estaba.

Recuerdo el primer momento, (quien lo diría, un primer y único momento latente en la memoria para siempre), ya era de día y ella era una flor radiante de veintipocos años, hablaba sin parar y yo escuchaba, (raro, se ve que la edad me ha vuelto parlanchín y zafio), estábamos en  un portal con forma de Arabesco, entre los arcos moriscos y los besos.
Allí, como un caudal de energía que deja fluir su corriente, nos besamos con sabor a fruta y alcoholes aguardientes, asistí al mejor beso de la tierra, y lo peor de todo es que lo supe, aquel primer beso, aquel primer contacto irrepetible uniendo en nuestras bocas entes de otras vidas, millones de lenguas resbalando atadas en nosotros, dos borrachos asfixiados por la vida amaneciendo, la suavidad de la lengua roja repasando el borde superior del labio, exhalación de aire y de deseo. Sin darnos cuenta yacíamos en la habitación de un hotel colonial avejentado, el mueble bar derramado, la piel húmeda, despiertos los instintos, una estancia llena de calores, el cerrojo de su ingle desabrochado, tambores que anunciaban la sed, el ansia, los hombros desnudos, el vello de su nuca, las medias caídas, pañuelos de gasa en las muñecas mínimas, casi minúsculas. Recuerdo bien el tacto primigenio de su clítoris, su mirada encendida y tímida. Yo me inclinaba para tocar su sexo con mi lengua, hundiéndola en las mejillas de su pubis. El placer de los aromas inguinales, un contraluz purpúreo en las esquirlas de las formas, los espejos azules, el reflejo de su cuerpo en el mío cuando estoy dentro de ella, la aspiración boca a boca, hilo de líquido que acariciaba nuestra libido. Todas las persianas de la tierra echadas en esa habitación que recorría los instintos, las risas cómplices del durante, embestidas de cielo y de placer. Ella recogía sus pechos y los izaba mientras con mis dedos trabajaba su sexo, arqueaba la espalda, se revolvía entre las ligas negras que brillaban en los escasos rayos luminosos que dejábamos entrar en aquella sala de delirio, veneno y vicio. Una y otra vez los tactos erizados, yo cercaba su cintura con la mía, el choque de las pelvis como trenes enfrentados, y por fin, un estremecimiento digno del mejor amanecer del mundo. Su alarido suave y terso dejando reposar por fin al cuerpo liberado. La paz, la calma.

-He vuelto a ti como esa actriz desfigurada que lejos del fulgor de los focos, se siente tentada por el sabor de lo perdido.
- No digas eso Ellen, no has vuelto a nada, es cuestión de tiempo que él aparezca, sólo es una mala racha.
-¿Una mala racha?, todos sois iguales, nunca vais de frente.
- Venga Ellen, vámonos, deja la copa, te acompaño a casa, estás borracha.
- ¿Que me acompañas a casa? ¿qué tenemos, quince años?, ¿o es que vas a ser mi Ángel de la guarda eternamente?, ¡no lo seas!
-Ellen, no digas eso, deja que te lleve.
- Sin beso David, llévame pero sin beso, que quede claro.

La dejé sobre la cama dormida, el olor de su piel rezumaba sobre mí, un olor que jamás se olvida, un olor que es un viaje al pasado y un chute de heroína. No, ninguna piel se olvida.
Había recuerdos de su viaje a India y a Tailandia repartidos por la estancia, pastillas contra el dolor de alma y algún omeprazol. Las sábanas negras y moradas como a ella la gustan.
Ellen, qué profundamente delicada y bella tendida en su palacio de cristal abuhardillado.



Avancé por la casa, la miré una última vez, como en los viejos tiempos cuando salía a la playa en la mañana y ella seguía durmiendo hasta el final del mediodía. Me revestí de ausencia y de pasado. Cerré la puerta y reabrí la herida.

A veces los hombres somos cobardes, casi siempre diría, y esos actos, o peor, los actos que no cometemos atenazados por el miedo, el estúpido miedo a ser de verdad un hombre, se vuelven errores que nos persiguen eternamente en cada trago.
Sentados en taburetes de bar hacemos llamadas por nuestros teléfonos, llamadas a nadie, sin destino expreso, llamadas que se saben perdidas y que dejan un regusto amargo en el paladar. Colgamos y pedimos otra copa, intentamos sonreír, pensamos la vida.


Un relato de Zarain.

Ilustrado por;
#1 Rafa G. (www.trespuntoceroweb.com)
#2 Mr Hojas (www.astrogorestudio.wordpress.com/)